Sesión 6 de 30 20%
Capítulo 2 · Tu dinero antes del mercado
Qué significa "riesgo" de verdad
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La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.
Riesgo es la probabilidad de que el dinero no vuelva. Que el precio se mueva mucho es otra cosa, y tiene otro nombre: volatilidad.
Un activo es cualquier cosa que compras esperando que valga más: una acción, un bono. Uno que sube y baja con fuerza pero acaba multiplicando su valor ha sido muy volátil y poco arriesgado en el sentido que importa. Confundir las dos cosas es el error que más caro sale.
Por qué más rentabilidad esperada exige más riesgo
Porque nadie paga más por asumir menos. Si existiera una inversión con riesgo bajo y rentabilidad alta —lo que devuelve por cada euro que pones—, todo el mundo querría comprarla.
Y comprar sube el precio, mientras que lo que la inversión reparte se queda donde estaba. Imagina algo que reparte 5 € al año. A un precio de 50 €, esos 5 € son un 10% de lo que pagaste. Si el precio sube a 100 €, los mismos 5 € son un 5%. El precio deja de subir cuando la rentabilidad ya no compensa el riesgo, y para entonces la ganga ha desaparecido.
Quien te promete lo contrario, o no ha hecho las cuentas, o no está siendo honesto.
Las cifras que ordenan el mapa
Según la serie que Aswath Damodaran, profesor de la Universidad de Nueva York, publica desde 1928 y actualizó en enero de 2026 con datos hasta 2025, la bolsa estadounidense ha devuelto un 10,0% anual de media compuesta antes de descontar la inflación. Los bonos corporativos de calidad media —la nota Baa de Moody's, una de las agencias que puntúan la solvencia de quien pide dinero prestado— un 6,6%. El efectivo, entendido como letras del Tesoro a tres meses, un 3,4%.
Media compuesta es el ritmo constante que, acumulando un año sobre el anterior, lleva del primer dato al último; no es el promedio de los años sueltos.
Esa diferencia entre lo que paga la bolsa y lo que paga el efectivo tiene nombre —prima de riesgo— y una razón concreta: la bolsa es mucho más incierta a corto plazo, y el mercado compensa por aguantar esa incertidumbre.
La trampa de mirar solo la media
Ese 10,0% es una media de casi un siglo, y esconde una variabilidad enorme: hay décadas en las que la bolsa apenas superó la inflación y décadas en las que la superó con holgura.
Esa media no te dice qué van a hacer los próximos diez. Quien usa la media histórica como si fuera una promesa está haciendo exactamente lo que este curso intenta evitar.
Qué se hace con esta relación
Lo que se elige es el nivel de riesgo que se puede sostener. La rentabilidad viene detrás, y no siempre será la más alta que había en la mesa.
Y "sostener" tiene dos caras, una de dinero y otra de nervios, porque la hoja de perfil del final del capítulo las pregunta por separado:
- Capacidad de riesgo: cuánto puedes perder sin que cambie tu vida. Es aritmética: depende de tu colchón, tu horizonte y tus ingresos.
- Tolerancia al riesgo: cuánto puedes perder sin dejar de dormir. Es emocional, y se descubre en la primera caída de verdad, no rellenando un test.
La que manda es la más baja de las dos. De nada sirve tener capacidad financiera para aguantar una caída del 30% si a la tercera semana vendes por no soportarla.
En qué se diferencian volatilidad y pérdida permanente
La volatilidad mide cuánto se mueve el precio de algo, hacia arriba y hacia abajo. El riesgo mide otra cosa: la probabilidad de que ese dinero no vuelva nunca. Están relacionados, pero no son lo mismo.
Cómo se mide, para que no sea una palabra vaga
La volatilidad se calcula con la desviación típica de los rendimientos. La desviación típica es un número que dice cuánto se alejan los datos entre sí: si todos los años dan casi lo mismo, sale pequeña; si unos años dan mucho y otros muy poco, sale grande.
Si un activo tiene una volatilidad anual del 20%, aproximadamente dos de cada tres años su rendimiento caerá dentro de una banda de veinte puntos por encima o por debajo de su media. Un activo con volatilidad del 8% se mueve dentro de una banda mucho más estrecha.
Ese número no dice nada sobre la dirección. Un activo muy volátil puede subir mucho o caer mucho; la volatilidad solo te dice el tamaño típico del movimiento, no hacia dónde.
El capítulo del gráfico trae otra forma de medir lo mismo, el ATR (rango verdadero medio), pensada para el día a día en vez de para el año. Misma idea, otra unidad.
Los dos ejemplos que lo separan
Volátil y poco arriesgado. Una acción que sube y baja un 5% cada semana pero que en diez años ha multiplicado su valor. Quien la mantuvo, ganó. El movimiento fue enorme; el riesgo real, en el sentido de dinero que no vuelve, fue bajo.
Poco volátil y muy arriesgado. Una empresa cuyas acciones apenas se mueven durante meses y que después quiebra, con las acciones a cero. La volatilidad previa era baja y el riesgo real era total.
La carencia que esto crea. Para saber si un movimiento es normal en un activo o es una señal de algo, tienes que saber cuánto se mueve ese activo normalmente. Y eso no viene en ninguna parte: tu app te enseña el precio de hoy, no si ese −4% es un martes cualquiera o algo excepcional para esa empresa.
Es una de las cosas que Volatly calcula para cada activo por separado: su propio perfil de volatilidad, en vez de una regla común para todos.
Un −4% en una empresa que se mueve un 1% al día y un −4% en otra que se mueve un 5% al día son dos noticias completamente distintas, y sin esa referencia las dos parecen iguales en la pantalla.
Cuándo una pérdida sobre el papel se vuelve real
Una caída de precio es una pérdida no realizada mientras no vendas. Se convierte en pérdida real en el momento exacto en que vendes por debajo de lo que pagaste. Esa es la diferencia entre una caída temporal y un daño permanente.
Por qué esto no es un consuelo tramposo
"No has perdido hasta que vendes" se usa a veces como excusa para no reconocer un error.
La versión honesta es esta: el precio de hoy es la mejor estimación disponible de lo que vale tu posición hoy. Tu posición es lo que tienes comprado de un activo concreto. Si has perdido un 30%, has perdido un 30%, y decir lo contrario es engañarse.
Sí es cierto que esa pérdida todavía puede revertirse si la empresa sigue funcionando y el precio se recupera. Al vender, eliminas cualquier posibilidad de recuperación.
El error que esto produce en las dos direcciones
Vender por pánico durante una caída normal transforma volatilidad en pérdida permanente. Es el error más común y el más caro.
Pero existe el opuesto, y es igual de caro: aguantar indefinidamente una posición cuando la empresa que hay debajo ya no es la misma solo para no tener que reconocer la pérdida. Si la razón por la que compraste ya no se sostiene, esperar es negarse a mirar.
Las dos situaciones se distinguen por una sola cosa: si esa razón, que en inversión se llama la tesis, sigue en pie. Eso exige haberla escrito en algún sitio antes de comprar, que es de lo que va el cuaderno de bitácora del capítulo sobre método.
Cuánto hace falta diversificar y cuándo deja de servir
Diversificar es repartir el dinero entre activos que no se mueven igual. Funciona muy bien hasta llegar a entre treinta y cincuenta posiciones bien elegidas, y a partir de ahí apenas suma. Y solo elimina un tipo de riesgo: el otro no lo evita nadie.
Los dos riesgos, y cuál se puede quitar de en medio
Riesgo específico es el que afecta a una empresa concreta: que quiebre, que pierda un juicio, que su producto estrella fracase. Diversificar lo reduce mucho, porque es improbable que a veinte empresas distintas les pase algo malo la misma semana.
Riesgo sistemático es el que golpea a todo el mercado a la vez: una recesión, una subida general de los tipos de interés, una pandemia. Este no lo elimina nadie. Es el precio de estar invertido, y por eso el mercado paga la prima de riesgo que veíamos al principio.
Cuántas posiciones, según la evidencia
Un estudio clásico de Evans y Archer, publicado en 1968 en el Journal of Finance, una revista académica, encontró que el beneficio de añadir valores se agota deprisa: a partir de unos diez, cada valor nuevo reduce mucho menos que el anterior. La cifra concreta que circula —«el 80% del riesgo con diez o quince valores»— es un resumen que vino después, no una conclusión del estudio.
Trabajos más recientes, como el que Meir Statman publicó en 1987 en otra revista académica, el Journal of Financial and Quantitative Analysis, sitúan la cifra bastante más arriba, en el orden de treinta a cuarenta.
Y la cifra ha seguido subiendo. Campbell, Lettau, Malkiel y Xu mostraron en 2001, en el Journal of Finance, que entre 1962 y 1997 cada empresa se movió cada vez más por su cuenta y menos con el conjunto del mercado, lo que obliga a tener más valores para conseguir el mismo efecto. Hicham Benjelloun rehizo el trabajo de Evans y Archer en 2010 y lo dejó en cuarenta o cincuenta.
El matiz que invalida el número: cómo se mueven entre ellas
Treinta acciones tecnológicas no están diversificadas. Diez valores repartidos entre sectores que reaccionan de forma distinta al ciclo económico, a las épocas buenas y malas, protegen bastante más que treinta que suben y bajan juntas.
El riesgo baja cuando tus posiciones dejan de caer todas a la vez por el mismo motivo. Cuántas haya en tu cartera, que es el conjunto de todo lo que tienes comprado, no hace ese trabajo por sí solo. Comprar veinte valores del mismo sector da la sensación de diversificación sin el efecto.
Esa idea —cuánto se mueven juntas dos posiciones— se llama correlación, y tiene consecuencias directas sobre cuánto dinero poner en cada operación. Se desarrolla entera en cuánto arriesgar en cada operación, porque ahí es donde cambia las decisiones.
Dos riesgos que casi nadie cuenta y te afectan hoy
Además del riesgo de que una empresa vaya mal, hay dos que aparecen sin que nadie los mencione y que afectan a la mayoría de inversores españoles. Ninguno de los dos se soluciona diversificando entre acciones.
El riesgo de divisa, que te afecta aunque no lo hayas elegido
Si compras acciones estadounidenses desde una cuenta en euros, estás asumiendo dos riesgos a la vez, no uno: el de la empresa y el del tipo de cambio entre el euro y el dólar.
Imagina que compras acciones de una empresa estadounidense y al cabo de un año esa acción ha subido un 10% en dólares. Buena noticia.
Pero si en ese mismo año el dólar se ha depreciado un 10% frente al euro, tu rentabilidad en euros —que es la moneda en la que pagas el alquiler— ronda el cero. La empresa fue bien y tú no ganaste nada.
Funciona igual en la otra dirección: una acción plana en dólares con un dólar que se aprecia un 10% te da un 10% en euros sin que la empresa haya hecho nada.
Nada de esto es un argumento para no invertir fuera de la zona euro. Solo hay que saber que, cuando miras la rentabilidad de una acción estadounidense en tu app, esa cifra puede estar en dólares y no ser la que tú te llevas.
La conversión también tiene coste, y lo veremos con números en el capítulo siguiente.
El riesgo de que tus ingresos y tus inversiones caigan a la vez
Es el más invisible de todos y no aparece en ningún test de perfil.
Si trabajas en un banco y además tienes acciones de bancos, tu nómina y tu cartera dependen de lo mismo.
En una crisis del sector financiero, se te complican las dos a la vez: justo cuando podrías necesitar vender inversiones, es cuando peor están, y encima con tu empleo en cuestión.
El caso extremo es tener acciones de tu propia empresa, algo común cuando forman parte de la retribución. Es una concentración doble: tu sueldo y una parte de tu patrimonio dependen de la misma compañía.
No hay una regla universal aquí, pero sí una pregunta que conviene hacerse: si al sector en el que trabajo le va mal, ¿mi cartera cae también? Si la respuesta es sí, tu diversificación real es menor de la que muestra el número de posiciones.
Por qué el apalancamiento multiplica antes las pérdidas
El apalancamiento es operar con más dinero del que tienes, pidiendo prestado el resto al bróker. Multiplica ganancias y pérdidas exactamente igual, pero no llegas a las dos con la misma probabilidad: la pérdida te expulsa de la posición y la ganancia no.
Cómo funciona, con números
Con un apalancamiento de 10:1, unos 1.000 € tuyos controlan una posición de 10.000 €. Si el precio sube un 1%, ganas 100 €, que es un 10% sobre tu dinero real. Si baja un 1%, pierdes lo mismo.
La asimetría aparece en el extremo. Con ese mismo 10:1, una caída del 10% en el activo se lleva por delante los 1.000 € completos. El activo sigue existiendo y puede recuperarse la semana siguiente, pero tú ya no estás dentro: te cerraron la posición al agotarse la garantía, que son esos 1.000 € tuyos, el dinero que el bróker retiene para cubrir las pérdidas.
Sin apalancamiento, esa misma caída del 10% te habría costado 100 € y seguirías teniendo la posición para ver qué pasa después. El apalancamiento multiplica el resultado, y además decide si sigues en la partida.
La llamada de margen
Cuando las pérdidas se acercan a agotar la garantía depositada, el bróker avisa: o ingresas más dinero, o cierra la posición. El plazo suele ser corto, a veces horas.
Sobre lo que pasa después circula información desactualizada.
Desde las medidas de ESMA (Autoridad Europea de Valores y Mercados) y la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), los brókers están obligados a ofrecer protección contra saldos negativos a los clientes minoristas, es decir, a los particulares. En la Unión Europea ya no puedes acabar debiendo dinero al bróker por encima de lo depositado en estos productos, cosa que sí ocurría antes. Puedes perderlo todo, pero no más.
Los límites legales en España
Los contratos por diferencias son los CFD de la sesión de apertura.
ESMA fijó estos límites en 2018 para toda la Unión Europea y la CNMV los hizo indefinidos en España en 2019. Topan el apalancamiento que se puede ofrecer a un cliente minorista en contratos por diferencias, según el tipo de activo:
| Tipo de activo | Apalancamiento máximo |
|---|---|
| Divisas principales | 30:1 |
| Otras divisas, oro e índices principales | 20:1 |
| Otras materias primas e índices no principales | 10:1 |
| Acciones | 5:1 |
| Criptoactivos | 2:1 |
Fíjate en el orden: cuanto más se mueve un activo, menos apalancamiento permite el regulador. Los criptoactivos, que son los más volátiles de la lista, están limitados a 2:1. Esa escala es una clasificación oficial de riesgo hecha por el supervisor.
Hay además una asimetría matemática que hace el apalancamiento más peligroso de lo que parece: recuperarse de una pérdida grande exige una ganancia proporcionalmente mucho mayor. Esa relación tiene números concretos, y se trata entera en rachas, caídas y tamaño de muestra.
Lo que hay que recordar
- Volatilidad es cuánto se mueve el precio; riesgo es la probabilidad de que el dinero no vuelva. No son lo mismo.
- Una pérdida se vuelve definitiva al vender, pero negarse a mirar una tesis rota tampoco es paciencia.
- Diversificar deja de aportar entre las treinta y las cincuenta posiciones, y no sirve de nada si todas se mueven juntas.
- Comprar fuera añade riesgo de divisa, y tu propia nómina puede moverse con tu cartera sin que lo hayas notado.
- El apalancamiento multiplica el resultado y además decide si sigues en la partida; en la UE ya no puedes perder más de lo depositado.
Relacionado: qué mide cada indicador · volatilidad, apalancamiento y lo que el regulador ha prohibido · qué es una acción y por qué una empresa sale a bolsa
Fuentes
- Statman, M. (1987), «How Many Stocks Make a Diversified Portfolio?», Journal of Financial and Quantitative Analysis, vol. 22
- Aswath Damodaran (NYU Stern), «Historical Returns on Stocks, Bonds and Bills», serie actualizada el 5 de enero de 2026 con datos hasta el cierre de 2025: entre 1928 y 2025 la bolsa estadounidense rindió un 10,0% anual de media compuesta con dividendos incluidos, los bonos corporativos Baa un 6,6% y las letras del Tesoro a tres meses un 3,4%, todo antes de descontar la inflación
- Evans y Archer (1968), 'Diversification and the Reduction of Dispersion', Journal of Finance
- Campbell, J. Y., Lettau, M., Malkiel, B. G. y Xu, Y. (2001), «Have Individual Stocks Become More Volatile? An Empirical Exploration of Idiosyncratic Risk», Journal of Finance, vol. 56, nº 1, pp. 1-43: entre 1962 y 1997 la volatilidad propia de cada empresa subió frente a la del mercado y con ella el número de valores necesario para diversificar
- Benjelloun, H. (2010), «Evans and Archer – Forty Years Later», Investment Management and Financial Innovations, vol. 7, nº 1: hacen falta entre 40 y 50 valores
- Resolución de la CNMV de 27 de junio de 2019 (BOE-A-2019-9737) y marco de ESMA: límites de apalancamiento por clase de activo y obligación de protección contra saldos negativos para clientes minoristas