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Capítulo 9 · Terreno avanzado
Cómo se forma el precio por dentro y qué son las opciones
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La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.
Empieza el último capítulo del curso, y sube el nivel sin cambiar de idioma: todo lo que viene se puede explicar sin fórmulas. Primero, cómo se fija un precio cuando el mercado está cerrado y nadie puede comprar ni vender. Después, qué es una opción y por qué se inventaron.
Qué es una subasta y cómo se forma el precio de apertura
Durante la sesión normal, las órdenes se cruzan una a una según van llegando. En una subasta no: las órdenes se acumulan durante un rato sin ejecutarse ninguna, y en el instante final se cruzan todas a la vez, al mismo precio.
Cómo funciona, paso a paso
Ya viste los horarios en el primer capítulo: en la Bolsa española, la subasta de apertura va de 8:30 a 9:00 y la de cierre de 17:30 a 17:35.
Durante ese rato ocurren tres cosas:
Se acumulan órdenes. Cualquiera puede introducir, modificar o cancelar órdenes de compra y de venta.
No se ejecuta nada. Aunque una orden de compra y una de venta sean compatibles, se quedan esperando.
Y el sistema publica un precio teórico. A medida que entran órdenes, la plataforma calcula a qué precio se cruzaría el mayor número de títulos si la subasta terminara en ese instante. Ese precio se ve y va cambiando.
Al final, un cierre aleatorio de hasta 30 segundos —nadie sabe el segundo exacto en que termina— fija el precio definitivo y se cruzan todas las órdenes compatibles a ese único precio.
Por qué el precio de apertura no es el cierre de ayer
Aquí está la razón de fondo de algo que ya viste en el capítulo del evento.
Entre el cierre de una sesión y la apertura de la siguiente pasan quince horas en las que el mundo no se detiene: se publican resultados, salen noticias, se mueven otras bolsas. Toda esa información no se puede ir incorporando poco a poco, porque el mercado está cerrado.
La subasta existe precisamente para eso: es el mecanismo que absorbe de golpe todo lo que pasó mientras nadie podía operar. Y por eso el precio de apertura puede estar muy lejos del cierre anterior, que es exactamente lo que la ficha de tipos de orden llamaba un hueco de precio.
Por qué el final es aleatorio
Porque si todo el mundo supiera el segundo exacto en que se fija el precio, quien pudiera reaccionar más rápido metería una orden en el último instante para mover el resultado a su favor.
Con un final que puede caer en cualquier momento de una ventana de treinta segundos, esa maniobra deja de funcionar. No es una complicación técnica: es una defensa deliberada, y es la misma lógica que explicaba el primer capítulo cuando decía que la subasta evita que los segundos más nerviosos los decida quien llegue una fracción antes.
El detalle práctico
El precio de cierre que fija la subasta del final del día es el precio oficial, y es el que usan los fondos indexados para valorar sus carteras y para comprar y vender por mandato.
Eso explica en parte el patrón en forma de U del primer capítulo: los últimos minutos concentran mucho volumen porque hay mucho dinero obligado a operar exactamente a ese precio.
Por qué un valor entra en subasta en mitad de la sesión
Hay una que no está en el horario y que sí te vas a encontrar: la subasta de volatilidad.
La Bolsa española fija para cada valor unos rangos de precio, uno referido al precio estático de la última subasta y otro al último precio negociado. Si una orden fuera a cruzarse fuera de esos rangos, la negociación continua se interrumpe y el valor pasa a subasta durante unos minutos.
No es una suspensión ni una avería. Es un freno deliberado: cuando el precio se mueve más de lo previsto en muy poco tiempo, el sistema deja de cruzar órdenes una a una y vuelve al mecanismo de acumular y cruzar todo de golpe.
El motivo es exactamente el de esta sección. Un movimiento muy brusco en negociación continua se ejecuta a precios cada vez peores contra un libro que se vacía. Una subasta reúne a todo el mundo, publica un precio teórico durante unos minutos y da tiempo a que aparezca oferta o demanda al otro lado.
Si ves un valor «en subasta» en mitad de la sesión, eso es lo que ha pasado: se movió demasiado y demasiado rápido. Suele ocurrir alrededor de noticias inesperadas, y es la razón por la que a veces no se puede operar un valor durante unos minutos justo cuando más gente quiere hacerlo.
Qué es una opción y para qué sirve de verdad
Una opción es un contrato que te da derecho, pero no obligación, a comprar o vender algo a un precio fijado, dentro de un plazo. Pagas por ese derecho una cantidad llamada prima, y si no te interesa ejercerlo, lo dejas caducar.
Las dos clases, con un ejemplo que no es financiero
Imagina que quieres comprar un piso que cuesta 200.000 €, pero necesitas dos meses para conseguir la financiación y temes que suba mientras tanto.
Pagas al vendedor 3.000 € para que te reserve el piso a ese precio durante dos meses. Eso es una opción de compra.
- Si el piso sube a 230.000 €, ejerces tu derecho y lo compras por 200.000 €. Has ganado 30.000 € menos los 3.000 € que pagaste.
- Si el piso baja a 180.000 €, no ejerces. Compras al precio de mercado y pierdes solo los 3.000 €.
La otra clase funciona igual al revés: una opción de venta te da derecho a vender a un precio fijado, y sirve para protegerte de que algo baje.
Para qué se inventaron: la cobertura
Este es el punto que el uso especulativo ha tapado casi por completo, y es el que explica que las opciones existan.
Su función original es la cobertura: reducir el efecto de un movimiento adverso pagando un coste cierto por adelantado.
Un agricultor que no sabe a cuánto venderá su cosecha en septiembre puede fijar hoy un precio mínimo. Le cuesta dinero hacerlo, y a cambio duerme tranquilo. No está apostando: está comprando certidumbre, exactamente igual que con un seguro.
Una opción es, en su forma más honesta, un seguro con otro nombre. Pagas una prima, cubres un riesgo concreto durante un plazo concreto, y si el riesgo no se materializa has perdido la prima y no ha pasado nada malo.
Comprar y vender no son operaciones simétricas
Y aquí está lo que hay que entender antes que cualquier otra cosa sobre este producto, porque la asimetría es enorme.
Quien compra una opción paga la prima y con eso ha terminado. Su pérdida máxima es exactamente esa prima, conocida de antemano. Es la posición del asegurado.
Quien vende una opción cobra la prima y asume la obligación. Su ganancia máxima es esa prima, y su pérdida potencial puede ser mucho mayor, en algunos casos sin un límite claro. Es la posición de la aseguradora.
Vender opciones tiene un patrón de resultados muy característico: muchas ganancias pequeñas y frecuentes, y pérdidas raras pero grandes. Es exactamente el perfil que la primera sesión del capítulo sobre riesgo describía como el más engañoso, porque produce una sensación de acierto constante mientras la esperanza puede ser negativa.
Que sea una mala idea o no depende enteramente de si la prima cobrada compensa el riesgo asumido, y esa es una pregunta que exige medir, no intuir.
Qué miden las griegas, en castellano llano
Las griegas suenan a matemática avanzada y son cuatro preguntas sencillas: cuánto se mueve la opción, cuánto cambia esa respuesta, cuánto pierde con el tiempo, y cuánto le afecta el nerviosismo del mercado. Se llaman con letras griegas por convención, no porque hagan falta letras griegas para entenderlas.
Delta: cuánto se mueve
La pregunta: si el activo sube un euro, ¿cuánto sube la opción?
Una delta de 0,5 significa que por cada euro que suba la acción, la opción sube unos 50 céntimos. Una delta de 0,9 significa que la opción se mueve casi como la acción.
La imagen: es la velocidad con la que la opción sigue al activo.
Hay un segundo uso que conviene conocer: la delta se lee también, de forma aproximada, como la probabilidad de que la opción acabe siendo útil. Una delta de 0,3 sugiere en torno a un 30% de posibilidades de que el precio llegue donde hace falta.
Gamma: cuánto cambia esa velocidad
La pregunta: ¿cuánto cambia la delta cuando el activo se mueve?
Si la delta es la velocidad, la gamma es la aceleración. Una gamma alta significa que la sensibilidad de la opción cambia rápido, y por tanto que la posición se comporta de forma muy distinta según dónde esté el precio.
Por qué importa: una gamma alta hace que una posición sea difícil de controlar, porque su riesgo cambia solo mientras no haces nada. Es la razón por la que las opciones cercanas a su vencimiento son las más incómodas de gestionar.
Theta: cuánto pierde cada día que pasa
La pregunta: si no pasa absolutamente nada, ¿cuánto vale menos la opción mañana?
Una opción es un derecho con fecha de caducidad, así que cada día que pasa vale un poco menos, aunque el precio del activo no se mueva ni un céntimo.
La imagen: es un cubito de hielo. Se derrite solo, y se derrite más rápido cuanto más cerca está el final.
Es la griega que más sorprende a quien empieza. Se puede tener razón sobre la dirección, ver que el precio se mueve como esperabas, y aun así perder dinero porque el movimiento llegó demasiado tarde. Quien compra opciones tiene el tiempo en contra; quien las vende lo tiene a favor.
Vega: cuánto le afecta el nerviosismo
La pregunta: si el mercado empieza a esperar movimientos más grandes, ¿cuánto sube la opción?
Es la sensibilidad a la volatilidad implícita, que ya conoces del capítulo del evento. Cuando el mercado espera más movimiento, las opciones se encarecen todas a la vez, suban o bajen.
La imagen: es el termómetro del nerviosismo, y explica algo que ya viste con nombre propio.
Recuerda el IV crush: alguien compra una opción antes de unos resultados, acierta la dirección y pierde dinero. Ahora tiene explicación completa: la vega estaba altísima antes del anuncio y se desplomó después, y esa caída pesó más que la ganancia de la delta.
Las cuatro juntas
| Griega | La pregunta que responde | La imagen |
|---|---|---|
| Delta | ¿Cuánto se mueve la opción si se mueve el activo? | La velocidad |
| Gamma | ¿Cuánto cambia esa velocidad? | La aceleración |
| Theta | ¿Cuánto pierde cada día que pasa? | El hielo derritiéndose |
| Vega | ¿Cuánto le afecta el nerviosismo del mercado? | El termómetro |
Y la conclusión que se lleva quien no vaya a operar opciones nunca, que es la mayoría: una opción tiene al menos cuatro fuentes de riesgo actuando a la vez, y tres de ellas no dependen de la dirección del precio.
Por eso acertar la dirección no basta para ganar dinero con este producto. Y por eso el capítulo del evento insistía en que el movimiento esperado, calculado a partir de precios de opciones, es información útil incluso para quien nunca vaya a comprar una.
Lo que hay que recordar
- En una subasta nada se ejecuta hasta el final: las órdenes se acumulan y se cruzan todas a la vez, al mismo precio, con un cierre aleatorio de hasta 30 segundos.
- La subasta de apertura existe para absorber de golpe todo lo que pasó mientras el mercado estaba cerrado, y por eso genera huecos de precio.
- Una opción es un derecho con fecha de caducidad, y en su forma original es un seguro: pagas una prima para cubrir un riesgo concreto.
- Comprar y vender opciones son posiciones asimétricas: quien compra conoce su pérdida máxima, quien vende no siempre.
Relacionado: qué está diciendo el mercado de opciones antes del anuncio · qué pasa de verdad cuando das a comprar
Fuentes
- BME, normas de funcionamiento del SIBE: subasta de apertura de 8:30 a 9:00 y subasta de cierre de 17:30 a 17:35, ambas con cierre aleatorio de hasta 30 segundos
- Definiciones estándar de las medidas de sensibilidad de una opción, conocidas como griegas, en la literatura de derivados