Sesión 24 de 30 80%
Capítulo 8 · De la cabeza al método
Por qué operar más empeora el resultado
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La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.
Hay un estudio que puso número exacto a esto. Siguió a 66.465 hogares durante seis años y comparó su rentabilidad según cuánto operaba cada uno. Los que más operaron ganaron seis puntos y medio menos al año que el mercado. No por elegir peor: por operar más.
Qué encontró el estudio sobre frecuencia de operación
Brad Barber y Terrance Odean, de las universidades de California en Davis y en Berkeley, analizaron las cuentas de 66.465 hogares en un gran bróker de descuento estadounidense entre 1991 y 1996. Publicaron el resultado en 2000 en The Journal of Finance, con un título que resume la conclusión: «operar es peligroso para tu patrimonio».
Las cifras
| Grupo | Rentabilidad anual |
|---|---|
| El mercado | 17,9% |
| El hogar medio | 16,4% |
| Los hogares que más operaron | 11,4% |
El hogar medio se quedó un punto y medio por debajo del mercado. Los que más operaron se quedaron seis puntos y medio por debajo.
Y un dato que sitúa cuánto es «operar mucho»: la rotación de cartera media fue del 75% anual. Es decir, el hogar medio vendió y sustituyó tres cuartas partes de lo que tenía cada año.
Por qué pasa
La explicación que dan los propios autores es la del sesgo que veíamos en la sesión anterior: el exceso de confianza explica los altos niveles de operativa, y esos altos niveles explican el mal resultado.
El mecanismo no tiene nada de misterioso y ya lo conoces entero por el Capítulo 3. Cada operación paga horquilla, comisión y, si hay divisa, conversión. Nada de eso depende de acertar. Multiplica esos costes por una rotación del 75% anual y la diferencia aparece sola, sin que haga falta que ninguna decisión fuera mala.
Es la aritmética del Capítulo 3 aplicada a seis años de cuentas reales.
La réplica que descarta la casualidad
Un resultado sobre un solo bróker y un solo país podría ser una particularidad. Los mismos autores, con Yi-Tsung Lee y Yu-Jane Liu, lo replicaron en 2007 sobre algo mucho más difícil de discutir: el conjunto completo de inversores particulares de Taiwán, no una muestra.
El patrón se repitió. Es el mismo mercado del que salían las cifras de la primera sesión del curso, y por la misma razón: allí se registra cada operación con todo detalle.
El hallazgo incómodo sobre quién opera más
Los mismos investigadores publicaron en 2001 un trabajo con un título que se ha hecho famoso, «Boys Will Be Boys», sobre la relación entre género, exceso de confianza y resultados.
Encontraron que los hombres operaron un 45% más que las mujeres y obtuvieron un 1,4% menos de rentabilidad ajustada por riesgo. Entre los solteros, donde no hay decisiones compartidas que suavicen el efecto, la diferencia llegó al 2,3%.
El hallazgo no dice que las mujeres elijan mejor. Dice que operaron menos, y operar menos salió mejor, que es exactamente la misma conclusión del estudio principal vista desde otro ángulo.
Si hoy operar no cuesta comisiones, ¿sigue valiendo el estudio?
Es la primera pregunta que merece hacerse. Aquellos datos son de 1991 a 1996, cuando operar costaba bastante más que hoy. Si el problema era el coste, y el coste ha desaparecido, el problema tendría que haber desaparecido con él.
Tres razones por las que no.
Las comisiones bajaron, el resto de costes no. El Capítulo 3 desglosaba cuatro y la comisión era el más pequeño. La horquilla se sigue pagando en cada operación, la conversión de divisa se paga dos veces, y una rotación alta adelanta además la factura fiscal. Un bróker sin comisiones no elimina ninguno de los tres.
La explicación de los autores no era el coste, era el exceso de confianza. El coste es el mecanismo por el que la operativa excesiva hace daño; la causa de la operativa excesiva es la del capítulo anterior. Abaratar el mecanismo no toca la causa.
Y operar es hoy mucho más fácil que entonces. En 1996 hacía falta llamar por teléfono o usar un ordenador de sobremesa. Hoy son dos toques en el móvil, con notificaciones que invitan a mirar. Si la causa era el impulso, todo lo que ha cambiado desde entonces empuja en la dirección equivocada.
La conclusión honesta: el estudio mide un efecto que hoy sería más barato por operación y probablemente más frecuente. Cuál de las dos cosas pesa más no lo sabemos con datos equivalentes, y decir lo contrario sería inventar.
Cómo funcionan el FOMO y las redes sobre una decisión de inversión
El miedo a quedarse fuera es un impulso normal y perfectamente humano. Lo que ha cambiado en los últimos años no es el impulso: es la cantidad de veces al día que algo lo activa.
El dato
Un estudio de 2023 de la FINRA Investor Education Foundation y el CFA Institute, dos organizaciones que forman a inversores y analistas, encontró que el 41% de los inversores de entre 18 y 25 años encuestados en Estados Unidos y Canadá reconocía haber invertido por miedo a quedarse fuera.
Cuatro de cada diez, admitiéndolo. Es razonable pensar que la cifra real de quienes lo hicieron es más alta que la de quienes lo reconocen.
Por qué las redes lo amplifican
Por un mecanismo que no tiene nada que ver con la inversión y todo que ver con qué se publica.
Solo se cuentan los aciertos. Nadie publica la captura de la operación que salió mal. El resultado es un muestreo completamente sesgado: ves los aciertos de miles de personas y ninguno de sus fallos, así que la impresión que te llevas es que todo el mundo acierta menos tú.
Es el sesgo de supervivencia que vimos con los fondos en la primera sesión del curso, aplicado a las personas en lugar de a los productos. Y tiene sección propia, con nombre completo, en la última sesión de este capítulo.
Y la urgencia es constante. Un mercado no genera oportunidades urgentes cada día, pero un flujo de publicaciones sí. Esa discrepancia entre la velocidad del contenido y la velocidad de las decisiones sensatas es la que empuja a operar de más.
La comprobación que corta el impulso
Una sola pregunta, y es la de la primera sesión del curso: ¿puedo explicar esta decisión con datos concretos, o la razón es que ha subido mucho y no quiero quedarme fuera?
Si es lo segundo, no pasa nada grave por reconocerlo. Lo que pasa es que eso es especular, y especular sabiendo que se especula es una situación completamente distinta de creer que se está invirtiendo.
Y hay una carencia detrás de esto que no es de fuerza de voluntad. El impulso de operar por lo que se ve en un flujo aparece precisamente cuando no hay nada mejor contra lo que contrastar. Con el contexto delante —qué se espera de esa empresa, cuánto se mueve normalmente, qué hay en juego en el evento que viene— la pregunta anterior tiene respuesta, y sin él solo tiene sensación.
Ese es el trabajo que hace Volatly de fondo: dejar escrito ese contexto antes de que el evento ocurra, en lenguaje llano, para que la decisión no dependa de lo que apareció en la pantalla esa mañana.
Qué hacer después de una mala racha
Aquí es donde todo lo anterior se pone a prueba, porque una mala racha activa a la vez varios de los sesgos de la sesión anterior.
Lo primero: la racha probablemente no significa nada
Recupera el dato del capítulo anterior. Con un acierto del 55%, cinco pérdidas seguidas tienen un 1,85% de probabilidad en cada tramo, y aparecen unas dos veces cada cien operaciones.
Una racha larga es lo que la matemática predice que va a pasar de vez en cuando aunque el método sea bueno. Sentirla como la prueba de que algo se ha roto es exactamente lo que ocurre, y no es información.
Lo segundo: el impulso va justo en la dirección contraria
La teoría prospectiva de la sesión anterior lo anticipa: estando en pérdidas, la disposición a asumir riesgo aumenta.
Traducido a lo que hace la gente: subir el tamaño de la siguiente posición para recuperarlo de golpe. Es el impulso más caro que existe, porque llega justo cuando el capital es menor y por tanto cuando cada porcentaje pesa más.
Recuerda la aritmética: arriesgando un 1% por operación, ocho pérdidas seguidas dejan el capital en torno al 92%. Arriesgando un 10%, en torno al 43%. La racha es la misma; lo que decide es una elección tomada antes de que empezara.
Lo tercero: qué sí se revisa
No revisar nada tampoco es la respuesta. Lo que se revisa es el proceso, que es lo único que una muestra pequeña permite juzgar:
¿Cumplí lo que estaba escrito? El tamaño decidido, el punto de salida fijado, el criterio de entrada. Eso se comprueba al instante y no depende del resultado.
¿Perdí más de lo previsto en alguna? Perder por encima de lo que habías decidido arriesgar es un fallo de ejecución, y se detecta con una sola operación.
¿Aparecieron operaciones que no estaban en el plan? Es la señal más fiable de que el impulso ganó, y es completamente objetiva: o estaba en el plan o no estaba.
Y lo que no se hace
Cambiar de método por tres fallos. Tres fallos no son información sobre un método, son ruido. Cambiar por ruido garantiza no acumular nunca muestra suficiente de nada, y deja a quien lo hace saltando de un sistema a otro sin llegar a saber si alguno funcionaba.
Ni parar del todo por vergüenza. Cerrar la app y no volver a mirar es la versión pasiva del mismo problema: evita el dolor de revisar y renuncia a la única información útil que produce una mala racha, que es saber si el fallo estuvo en el proceso o solo en el resultado.
Lo que hay que recordar
- Sobre 66.465 hogares entre 1991 y 1996, los que más operaron obtuvieron un 11,4% anual frente al 17,9% del mercado: seis puntos y medio de diferencia.
- La rotación media fue del 75% anual, y el coste de esa rotación explica la diferencia sin que ninguna decisión tuviera que ser mala.
- Los hombres operaron un 45% más que las mujeres y obtuvieron un 1,4% menos ajustado por riesgo; entre solteros, un 2,3% menos.
- Tras una mala racha se revisa el proceso, no el resultado, porque una muestra pequeña no permite juzgar el segundo.
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Fuentes
- Barber, B. M. y Odean, T. (2000), 'Trading Is Hazardous to Your Wealth: The Common Stock Investment Performance of Individual Investors', The Journal of Finance 55(2), 773-806: sobre 66.465 hogares con cuenta en un gran bróker de descuento entre 1991 y 1996, los que más operaron obtuvieron un 11,4% anual frente al 17,9% del mercado
- Barber y Odean (2000): el hogar medio obtuvo un 16,4% anual y rotó el 75% de su cartera cada año
- Barber, B. M. y Odean, T. (2001), 'Boys Will Be Boys: Gender, Overconfidence, and Common Stock Investment': los hombres operaron un 45% más que las mujeres y obtuvieron un 1,4% menos de rentabilidad ajustada por riesgo; entre solteros la diferencia llegó al 2,3%
- Barber, Lee, Liu y Odean (2007), 'Just How Much Do Individual Investors Lose By Trading?': réplica sobre el conjunto de inversores particulares de Taiwán
- FINRA Investor Education Foundation y CFA Institute (2023), 'Gen Z and Investing: Social Media, Crypto, FOMO, and Family': el 41% de los inversores de entre 18 y 25 años encuestados en Estados Unidos y Canadá reconoció haber invertido por miedo a quedarse fuera