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Sesión 21 de 30 70%

Capítulo 7 · Riesgo, probabilidad y supervivencia

Cuánto arriesgar en cada operación

· · · 18 min de lectura

La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.

Aquí está la aritmética que más dinero cuesta a los inversores particulares, y es de una confusión de palabras: "arriesgar un 1%" no significa "invertir un 1%". Son dos cifras completamente distintas, y quien las mezcla acaba tomando riesgos veinte veces mayores de los que cree.

Invertir un 1% y arriesgar un 1% no son lo mismo

Es la distinción más importante del capítulo y la que casi ningún material aclara.

Las dos cifras

Lo invertido es cuánto dinero pones en la posición.

El riesgo por operación es cuánto puedes perder si sale mal, que depende de dónde está tu punto de salida.

Con un ejemplo: tienes 10.000 € en la cuenta y compras 2.000 € de una acción, con la decisión de vender si cae un 5%.

  • Has invertido 2.000 €, un 20% de tu capital.
  • Has arriesgado 100 €, un 1% de tu capital.

Las dos frases son verdad a la vez y describen cosas distintas. Cuando este capítulo hable de arriesgar un 1%, se refiere siempre a la segunda.

Por qué la confusión sale tan cara

Quien entiende "arriesga un 1%" como "invierte un 1%" hace una de dos cosas, y las dos son malas.

O invierte cantidades ridículas, poniendo 100 € de 10.000 € en cada idea, y ninguna operación mueve la aguja lo suficiente como para que el esfuerzo tenga sentido.

O, mucho más frecuente, invierte el 20% y cree que está arriesgando el 20%, cuando en realidad —sin un punto de salida definido— está arriesgando hasta el 20% completo. Si esa acción cae un 60%, ha perdido un 12% de su capital en una sola idea.

La diferencia entre las dos interpretaciones no es de matiz: es de un factor de veinte.

Y de aquí sale la pregunta que ordena todo lo demás

Si el riesgo depende de dónde vas a salir, entonces no puedes decidir cuánto comprar hasta haber decidido dónde vas a vender si te equivocas.

Ese es el orden correcto y es contrario al que sigue casi todo el mundo, que decide primero cuánto comprar y solo después, si acaso, dónde poner el stop.

Cómo se calcula el tamaño de una posición

Con una división. Una vez sabes cuánto estás dispuesto a perder y a qué distancia está tu salida, el tamaño sale solo.

La fórmula

Tamaño de la posición = (capital × riesgo por operación) ÷ distancia al punto de salida

Con números:

Capital de 10.000 €. Riesgo elegido: 1%, es decir 100 €. Compras una acción a 50 € y decides salir si baja a 47,50 €, que son 2,50 € por acción de distancia.

100 € ÷ 2,50 € = 40 acciones.

Cuarenta acciones a 50 € son 2.000 € invertidos. Si la acción llega a 47,50 € pierdes exactamente 100 €, que es el 1% que habías decidido.

El detalle que lo hace útil: la distancia manda

Si el punto de salida estuviera más lejos —digamos a 45 €, cinco euros de distancia— el mismo riesgo de 100 € permitiría comprar solo 20 acciones, es decir 1.000 €.

Fíjate en lo que ocurre: cuanto más lejos está tu salida, menos compras. La posición se ajusta sola para que el dinero en juego sea siempre el mismo, independientemente de lo volátil que sea el activo.

Ahí es donde encaja el ATR (Average True Range, rango verdadero medio) del capítulo anterior. Poner la salida a una distancia medida en múltiplos del ATR de ese activo hace que una acción tranquila y una muy movida acaben con posiciones de tamaño distinto y con el mismo riesgo. Es exactamente el problema que resolvía esa herramienta.

Un punto de salida no tiene por qué ser una orden

Merece aclararse porque genera confusión. Ese nivel puede ser una orden stop colocada en el bróker, o puede ser una decisión tuya escrita en algún sitio: si esto llega a 47,50 €, vendo.

Las dos formas valen para calcular el tamaño. La orden tiene la ventaja de que se ejecuta sin ti y el inconveniente de que, como vimos en la ficha de tipos de orden y cómo se ejecutan, no garantiza el precio. La decisión escrita depende de que la cumplas.

Lo que no vale es no tener ninguno de los dos, porque entonces la fórmula no se puede aplicar y el riesgo real de la posición es "todo lo que has invertido".

Qué es el riesgo de ruina y por qué no es lineal

El riesgo de ruina es la probabilidad de perder tanto capital que dejes de poder operar. No hace falta llegar a cero: basta con caer lo suficiente como para que recuperarse deje de ser realista.

Por qué doblar el riesgo hace mucho más que doblar el peligro

Aquí está la parte que la intuición no capta.

Mucha gente asume que arriesgar un 2% por operación es exactamente el doble de peligroso que arriesgar un 1%. No lo es: es bastante más del doble, y la razón es que las pérdidas se acumulan multiplicando, no sumando.

Con una racha de diez pérdidas seguidas:

  • Arriesgando 1% por operación, tu capital queda en torno al 90% del inicial.
  • Arriesgando 2%, queda en torno al 82%.
  • Arriesgando 5%, queda en torno al 60%.
  • Arriesgando 10%, queda en torno al 35%.

De 1% a 2% el daño casi se dobla. De 2% a 10% se multiplica. Y esas diferencias se agravan cuanto más larga sea la racha, que es de lo que va la sesión siguiente, sobre rachas, caídas y tamaño de muestra.

El principio anti-martingala

Hay una decisión de diseño que ayuda sola, y consiste en calcular el riesgo sobre el capital actual, no sobre el inicial.

Si empiezas con 10.000 € y arriesgas el 1%, son 100 €. Si tras una mala racha tienes 8.000 €, ese 1% pasa a ser 80 €. El tamaño de las apuestas se reduce automáticamente cuando el capital baja.

Van Tharp llamó a esto principio anti-martingala, por oposición a la estrategia de casino que consiste en doblar la apuesta tras cada pérdida para recuperarlo todo de golpe. Esa estrategia se siente lógica y conduce a la ruina con matemática certeza, porque exige una racha ganadora justo cuando el capital es menor.

Fijar el riesgo como porcentaje del capital actual hace lo contrario sin que tengas que decidir nada.

Qué porcentaje elegir

La referencia habitual es entre el 1% y el 2% del capital por operación, y merece decirse de dónde sale y qué límites tiene.

De dónde sale: es la cifra que permite encajar una racha larga de pérdidas —diez, quince operaciones seguidas, que ocurren— sin que la cuenta quede en una situación de la que no se pueda salir.

Qué límites tiene: trata a todo el mundo igual. Un 1% puede ser demasiado conservador para alguien con una ventaja probada y demasiado agresivo para alguien que todavía no sabe si la tiene. No es una ley física, es un punto de partida razonable.

Y hay un matiz que casi nadie menciona: para invertir a largo plazo comprando y manteniendo, esta aritmética no aplica igual. Está pensada para quien abre y cierra posiciones con un punto de salida definido. Quien compra un fondo indexado para veinte años no tiene un stop, y su gestión del riesgo es la del Capítulo 2: horizonte, colchón de emergencia y diversificación.

Qué es el criterio de Kelly y por qué nadie lo usa entero

Vas a oír hablar de él, así que conviene tener la versión honesta.

Una fórmula publicada por John Kelly en 1956, en el Bell System Technical Journal, que calcula qué fracción del capital maximiza el crecimiento a largo plazo dada una ventaja conocida. La popularizó después el matemático Ed Thorp.

Su lógica es la del capítulo entero: si tienes una ventaja, apostar demasiado poco desaprovecha el crecimiento y apostar demasiado te arruina antes de que la ventaja pueda actuar. Kelly busca el punto entre las dos cosas.

Por qué nadie usa la fórmula completa

Por una razón muy concreta: Kelly es óptimo solo si conoces las probabilidades reales con exactitud, y nunca las conoces. Son estimaciones sacadas de una muestra limitada y del pasado, y los errores en esas estimaciones se amplifican en la fórmula.

El resultado es que Kelly completo, incluso con una ventaja auténtica, produce caídas capaces de terminar con la paciencia de cualquiera antes de que las matemáticas tengan tiempo de funcionar.

La solución que usan quienes lo usan

Apostar una fracción del resultado: la mitad, o un cuarto. Thorp usaba la mitad.

Y hay una propiedad matemática que hace ese intercambio muy favorable: la curva de crecimiento es plana cerca de su óptimo. Apostar la mitad de lo que dice Kelly conserva la mayor parte del crecimiento teórico y reduce muchísimo la volatilidad y la profundidad de las caídas.

Traducido a la lección práctica de esta sesión: quedarse por debajo del óptimo cuesta poco y protege mucho. Pasarse cuesta muchísimo. La asimetría no está en tu cabeza, está en la fórmula.

Por qué cinco posiciones correlacionadas son una sola apuesta

Puedes tener cinco posiciones arriesgando un 1% cada una y creer que arriesgas un 5% repartido. Si las cinco se mueven juntas, estás arriesgando un 5% en una sola cosa.

El ejemplo

Alguien abre cinco posiciones en cinco empresas tecnológicas distintas. Cinco nombres, cinco líneas en la cartera, un 1% de riesgo en cada una.

Llega una noticia que afecta al sector entero —un dato de tipos, una regulación, un resultado de la empresa más grande del grupo— y las cinco caen a la vez.

No ha tenido cinco malas operaciones. Ha tenido una mala operación cinco veces.

Es exactamente lo que veíamos en el Capítulo 2 al hablar de cuánto hace falta diversificar y cuándo deja de servir: treinta acciones tecnológicas no están diversificadas. Aquí se ve la misma idea desde el otro lado, aplicada al tamaño en vez de a la composición.

La comprobación que se puede hacer en un minuto

Antes de abrir una posición más, una sola pregunta: si lo que estoy pensando sale mal, ¿cuántas de mis posiciones actuales sufren también?

Si la respuesta es "casi todas", el riesgo real de tu cartera no es la suma de riesgos individuales: es mucho mayor, y no aparece en ningún sitio.

Las fuentes de correlación que menos se ven

El sector es la evidente y la que casi todo el mundo detecta.

La divisa es menos obvia. Si tienes cinco acciones estadounidenses desde una cuenta en euros, las cinco comparten el riesgo del tipo de cambio que vimos en el Capítulo 2, además de lo suyo propio.

El factor común es la más invisible. Empresas de sectores distintos pueden compartir dependencia de lo mismo: del precio de la energía, de los tipos de interés, del consumo discrecional. Dos compañías que parecen no tener nada que ver pueden caer juntas cada vez que sube el petróleo.

Y tus propios ingresos, que ya vimos: si trabajas en el mismo sector en el que inviertes, tu nómina es una posición correlacionada más.

Tu hoja de riesgo

Este capítulo produce el segundo de los tres documentos que te llevas del curso. Como el primero, que cerró el capítulo 2, son decisiones tomadas por escrito antes de que haya dinero en juego, y por el mismo motivo: el peor momento para decidir cuánto arriesgar es mientras estás perdiendo.

Cinco campos, y conviene entender qué pregunta cada uno antes de rellenarlo.

Cuánto estás dispuesto a perder en una sola operación. Es el porcentaje de tu capital, no la cantidad invertida. La referencia habitual está entre el 1% y el 2%, y por debajo de eso es perfectamente razonable mientras aprendes. Esta cifra es la que después divide para darte el tamaño de cada posición.

Cuántas pérdidas seguidas esperas aguantar. No es una predicción, es una expectativa puesta por escrito, y sirve para no confundir una racha normal con una señal de que el método ha dejado de funcionar. La sesión siguiente lo mide: con un acierto del 55%, cinco pérdidas seguidas aparecen unas dos veces cada cien operaciones. Quien no lo ha escrito antes las lee como un fallo del método.

A qué caída en el mes dejas de operar. Es del mes, no de toda la vida de la cuenta: un suelo que se reinicia y que corta la mala racha antes de que se convierta en un agujero. Fijarlo de antemano evita la situación en la que se decide seguir adelante precisamente cuando peor se está pensando. Recuerda que una caída del 25% exige un 33% de subida para volver al punto de partida, y una del 50% exige un 100%.

Cuántas posiciones abiertas a la vez. Cada una añade riesgo y ninguna añade atención: el tiempo que puedes dedicar a seguirlas es el mismo. Un número pequeño y decidido de antemano vale más que "las que vayan surgiendo".

Si compruebas la correlación antes de abrir una más. Es una casilla de sí o no, y su valor no está en la respuesta sino en que la pregunta exista antes de darle al botón.

Si has llegado hasta aquí y has rellenado la hoja, tiene sentido conservarla: es lo que vas a querer releer dentro de seis meses, cuando lleves tres operaciones malas seguidas y estés a punto de decidir algo con prisa. Guardarla en una cuenta gratuita hace que siga estando ahí aunque cambies de dispositivo. Seguir leyendo el curso no lo requiere.

Lo que hay que recordar

  • Invertir un 1% y arriesgar un 1% son cifras distintas que pueden diferir por un factor de veinte.
  • El tamaño de la posición sale de dividir lo que estás dispuesto a perder entre la distancia a tu punto de salida: cuanto más lejos la salida, menos compras.
  • Doblar el riesgo por operación hace bastante más que doblar el peligro, porque las pérdidas se acumulan multiplicando.
  • Cinco posiciones que se mueven juntas no son cinco riesgos del 1%: son un riesgo del 5% en una sola cosa.

Relacionado: qué significa "riesgo" de verdad · tipos de orden y cómo se ejecutan · qué mide cada indicador y cómo se engaña la gente con ellos

Fuentes

  1. Van Tharp, trabajo sobre dimensionamiento de posiciones y principio anti-martingala: fijar el riesgo como porcentaje del capital actual reduce automáticamente el tamaño tras las pérdidas
  2. Kelly, J. L. Jr. (1956), 'A New Interpretation of Information Rate', Bell System Technical Journal: origen del criterio de Kelly
  3. Literatura sobre Kelly fraccionado (Thorp, MacLean y Ziemba): la curva de crecimiento es plana cerca de su óptimo, de modo que apostar la mitad conserva la mayor parte del crecimiento reduciendo mucho la volatilidad y la caída máxima
  4. Aritmética estándar de recuperación de caídas y de dimensionamiento por distancia al stop

Lo que te llevas

Tu hoja de pérdida máxima

Cinco decisiones sobre cuánto estás dispuesto a perder y en qué condiciones paras. Todo en porcentaje: nunca se pregunta por importes.

No se pregunta por cantidades, saldos ni valores concretos. Sólo porcentajes y decisiones.

¿Qué porcentaje de tu capital arriesgas en una sola operación?

El capítulo explica por qué el tamaño de posición es lo único que controlas del todo.

Por qué se guarda: Porcentaje del capital, no importe. Con el porcentaje basta para que la hoja sirva.

¿Cuántas pérdidas seguidas esperas aguantar?

La sesión sobre rachas explica cuántas hay que esperar de un sistema que funciona.

Por qué se guarda: Es la expectativa, escrita antes de la racha. Un número, sin contexto identificable.

¿A qué caída en el mes dejas de operar?

Una parada escrita de antemano es lo que evita decidirla en caliente.

Por qué se guarda: Porcentaje. La decisión, no la cuenta.

¿Cuántas posiciones abiertas a la vez como máximo?

Un número, no un valor. Sirve para leer la siguiente pregunta.

Por qué se guarda: Es una cuenta, no un patrimonio.

¿Compruebas si tus posiciones se mueven juntas?

Cierra el bucle con lo que explica el capítulo: cinco posiciones correlacionadas son una sola apuesta.

Por qué se guarda: Sí, no, o no sé cómo. Ninguna de las tres dice qué tienes.

Escribe y revisa Volatly, la empresa que ordena el contexto de los eventos corporativos y deja su archivo abierto para revisarlo después.

Quién está detrás de Volatly Cómo se mide cada perspectiva

Aviso. Esto es material formativo, no asesoramiento financiero. No hay recomendación personalizada: nadie ha preguntado por tu situación ni por tus objetivos. Volatly ordena el contexto y publica su archivo con los aciertos y los fallos; la decisión y el riesgo son de quien invierte.

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