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Capítulo 6 · Leer un gráfico
¿Funciona el análisis técnico? Qué se puede leer en un gráfico y qué no
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La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.
La respuesta honesta es que hay evidencia académica en las dos direcciones, que la evidencia favorable tiene un problema metodológico serio, y que lo que funcionaba en los años ochenta funcionaba peor en los noventa. Ni "es astrología" ni "es una ciencia": es una herramienta con literatura abundante y conclusiones incómodas para los dos bandos.
Qué es el análisis técnico y qué no es
El análisis técnico estudia el precio y el volumen pasados para intentar decir algo sobre el futuro. Esa es toda la definición, y de ella salen las dos confusiones habituales.
Lo que sí es
Una forma de leer cómo se está comportando la gente que ya está dentro de un activo: dónde ha comprado, dónde ha vendido, con cuánta convicción y en qué cantidad.
No intenta valorar si una empresa es buena, cosa que hacía el capítulo anterior. Intenta describir el comportamiento de quienes ya han tomado su decisión sobre ella.
Lo que no es
No es predecir el futuro. Ningún patrón dice lo que va a pasar. En el mejor de los casos dice que, en situaciones parecidas del pasado, ocurrió una cosa más veces que otra.
No es independiente de lo demás. Un gráfico no sabe que la empresa presenta resultados mañana, ni que un regulador acaba de abrir un expediente. Todo lo que aprendiste en los capítulos anteriores sigue mandando.
Y no es una alternativa a mirar las cuentas. Son dos preguntas distintas: una es qué vale la empresa, otra es qué está haciendo el precio. Confundir "el gráfico está bien" con "la empresa está bien" es el error de fondo del que salen la mayoría de los demás.
Qué dice la evidencia académica
Existe literatura abundante sobre esto, y conviene mirarla antes de tomar partido. La revisión de referencia es la de Cheol-Ho Park y Scott Irwin, publicada en 2007 en el Journal of Economic Surveys, que repasó 95 estudios modernos sobre la rentabilidad de estrategias técnicas.
El recuento
| Resultado | Número de estudios |
|---|---|
| Positivos | 56 |
| Negativos | 20 |
| Mixtos | 19 |
A primera vista parece una victoria clara. Y sería deshonesto dejarlo ahí, porque los propios autores no lo dejan ahí.
El asterisco, que es la mitad de la conclusión
Park e Irwin señalan que la mayoría de esos estudios empíricos padecen problemas en sus procedimientos de prueba. Nombran tres en concreto:
Minería de datos. Probar muchas combinaciones sobre los mismos datos hasta encontrar una que funcione. Con suficientes intentos, encontrar algo que parezca brillante está prácticamente garantizado, exista o no exista una ventaja real.
Selección de reglas a posteriori. Elegir qué regla probar después de haber visto los datos, que es una forma elegante de hacer trampas sin darse cuenta.
Dificultad para estimar riesgo y costes de transacción. Muchos estudios calculan beneficios brutos. Con los costes por operación que vimos en el Capítulo 3 —horquilla incluida—, una estrategia que opera mucho puede pasar de rentable a ruinosa sin que cambie ni una señal.
Los autores concluyen que hace falta investigación futura que corrija esas deficiencias para poder dar evidencia concluyente. Es decir: después de 95 estudios, la respuesta honesta sigue siendo "no está resuelto".
El dato que más orienta: la ventaja se erosiona
Hay un hallazgo de esa misma revisión que dice más que el recuento. Los estudios modernos encuentran beneficios consistentes en mercados especulativos al menos hasta principios de los años noventa, y en mercados de acciones la rentabilidad decrece a partir de finales de los ochenta.
Ese patrón encaja exactamente con lo que predice la hipótesis del mercado eficiente, formulada por Eugene Fama en 1970: si los precios incorporan la información disponible, cualquier ventaja documentada y publicada se destruye a sí misma. En cuanto suficiente gente conoce y explota un patrón, la propia explotación lo elimina.
No es que el análisis técnico nunca funcionara. Es que lo que funcionaba dejó de funcionar a medida que se hizo conocido.
Qué conclusión sacar, entonces
Tres, y ninguna es cómoda para nadie.
Descartarlo entero no está respaldado por la evidencia. Cincuenta y seis estudios positivos son demasiados para tratarlo como superstición.
Tratarlo como una fórmula que funciona tampoco. El asterisco metodológico es enorme y la erosión temporal está documentada.
Lo que sí sobrevive a todo esto es la parte descriptiva. Un gráfico enseña, sin discusión posible, dónde ha estado el precio, cuánto se ha movido y con cuánto volumen. Eso no es una predicción: es un hecho. Y a partir de esos hechos se pueden hacer preguntas mejores.
Este capítulo se queda deliberadamente en esa parte. Enseña a describir un gráfico con precisión y a conocer las herramientas, sin prometer que ninguna de ellas anticipe nada.
Cómo se lee una vela japonesa
Una vela resume cuatro datos de un periodo: apertura, máximo, mínimo y cierre. Es el formato más usado del mundo porque mete esos cuatro números en una figura que se interpreta de un vistazo.
La anatomía
El cuerpo es el rectángulo, y va de la apertura al cierre. Si el cierre queda por encima de la apertura se pinta de un color; si queda por debajo, de otro.
Las mechas son las líneas finas que salen por arriba y por abajo, y marcan el máximo y el mínimo alcanzados durante el periodo.
Esos cuatro datos —el OHLC, siglas inglesas de open, high, low, close— son lo único que contiene una vela. Todo lo demás es interpretación.
Qué información aporta cada parte
Un cuerpo largo significa que el precio se movió mucho entre la apertura y el cierre, y acabó lejos de donde empezó. Indica que una de las dos partes dominó todo el periodo.
Un cuerpo muy pequeño significa que abrió y cerró casi en el mismo sitio. Independientemente de lo que pasara por el medio, el periodo terminó en tablas.
Una mecha larga significa rechazo. El precio llegó hasta ahí y no se quedó: alguien empujó en sentido contrario con fuerza suficiente para devolverlo. Una mecha inferior larga dice que se intentó bajar y no se consiguió sostener; una superior larga, lo mismo hacia arriba.
Una advertencia sobre los patrones de velas
Existen decenas de patrones con nombre —martillo, envolvente, estrella fugaz— y una industria entera de material que promete que anticipan giros.
Conviene aplicarles exactamente el mismo criterio de la sección anterior: son descripciones de lo que ya ocurrió, y su capacidad predictiva está sujeta a los mismos problemas metodológicos que el resto. Memorizar cuarenta nombres de patrones no es aprender a leer un gráfico.
Lo que sí sirve, y es lo que este capítulo enseña, es saber describir lo que una vela dice: dónde abrió, dónde cerró, hasta dónde llegó y qué pasó con ese intento. Eso es un hecho verificable y la base de cualquier lectura posterior.
Por qué el marco temporal lo cambia todo
El mismo activo, en un gráfico semanal, uno diario y uno de una hora, puede contar tres historias distintas a la vez. Ninguna miente: cada una responde a una pregunta diferente.
Un valor puede estar, simultáneamente:
- Subiendo en el gráfico semanal, con una tendencia sostenida desde hace meses.
- Cayendo en el diario, en plena corrección de dos semanas.
- Girando al alza en el de una hora, formando ahora mismo un suelo de corto plazo.
Las tres lecturas son correctas y describen escalas distintas del mismo movimiento.
Para qué sirve cada uno
El marco amplio —semanal, diario— responde a dónde está el activo de fondo y dónde están los niveles que más gente vigila.
El marco corto —una hora, quince minutos— responde a qué está pasando ahora mismo dentro de ese contexto.
Usar solo el corto es leer una frase suelta de un libro. Usar solo el largo es saber de qué va el libro sin saber por qué página vas.
El error que produce, y es de honestidad
El problema no es mirar varios marcos temporales. Es cambiar de marco hasta encontrar uno que confirme lo que ya querías creer.
Si el diario dice que el precio está cayendo y no te gusta esa lectura, siempre habrá un marco temporal donde parezca que sube. Con suficientes marcos disponibles, cualquier tesis encuentra respaldo en alguno.
La forma de evitarlo es decidir antes qué marco define el contexto y cuál define el momento, y no cambiarlos a mitad de una decisión. Es la misma disciplina que veremos al final del capítulo con el sobreajuste (afinar una regla hasta que encaja perfectamente con el pasado, que es la forma más segura de que falle en el futuro): el problema casi nunca es la herramienta, es el orden en que se usa respecto a la conclusión.
Escala lineal o logarítmica: cuál usar y cuándo engaña cada una
Escala logarítmica para cualquier histórico largo o para cualquier activo cuyo precio se haya multiplicado. Lineal para el corto plazo, donde da igual. La diferencia es que la lineal mide distancias en euros y la logarítmica en porcentaje, así que en un gráfico de décadas la lineal aplasta el pasado y agranda el presente.
Qué hace cada una
Casi todas las plataformas dibujan el eje de precios de forma lineal por defecto: la distancia entre 10 y 20 en la pantalla es la misma que entre 100 y 110, porque en las dos hay diez unidades.
El problema es que esos dos movimientos no son comparables. De 10 a 20 es un +100%. De 100 a 110 es un +10%. La escala lineal los pinta idénticos.
La logarítmica hace lo contrario: la misma distancia vertical representa siempre el mismo cambio porcentual. En ella, de 10 a 20 y de 100 a 200 ocupan lo mismo, que es lo correcto, porque los dos son duplicar.
El ejemplo que lo deja claro: el desplome de 1929
Los datos vienen de Federal Reserve History, el archivo histórico del sistema de la Reserva Federal estadounidense, sobre el Dow Jones Industrial Average.
El índice cerró en 381,17 el 3 de septiembre de 1929. Cayó hasta 41,22 el 8 de julio de 1932, un 89% por debajo de su máximo, y no volvió a ese nivel hasta el 23 de noviembre de 1954: veinticinco años después.
Ahora dibuja eso en un gráfico del Dow desde 1920 hasta hoy, con el índice en decenas de miles de puntos.
En escala lineal, la caída más devastadora de la historia del mercado estadounidense es un rasguño en la esquina inferior izquierda. Trescientos cuarenta puntos son invisibles cuando el eje llega a cuarenta mil. La imagen sugiere que en 1929 no pasó gran cosa.
En escala logarítmica, ese mismo tramo ocupa la altura que le corresponde a un −89%, que es enorme. Y a la vez, cualquier corrección reciente del 10% se ve del tamaño que tiene: pequeña.
Las dos imágenes son del mismo índice y de los mismos datos. Una de las dos está contando la historia al revés.
Cuándo engaña la logarítmica
Conviene decirlo, porque no es que una sea correcta y la otra falsa: cada una responde a una pregunta.
La logarítmica engaña cuando lo que te importa es la distancia en dinero. Si estás mirando un tramo corto y quieres ver cuántos euros separan el precio actual de un nivel concreto, la logarítmica comprime esa distancia arriba y la estira abajo, y la impresión visual deja de corresponder a la cuenta.
Para un gráfico de días o semanas, donde el precio no cambia de orden de magnitud, la diferencia entre ambas escalas es imperceptible y la lineal es más directa de leer.
La regla práctica
Histórico largo o precio multiplicado: logarítmica. Cualquier cosa que abarque años, o cualquier activo que haya pasado de decenas a cientos.
Corto plazo: da igual, y la lineal es más cómoda.
Casi todas las plataformas la cambian con un botón, y casi nadie lo toca. Es la corrección más barata que existe sobre un gráfico: no requiere aprender nada, solo saber que el botón está ahí.
Lo que hay que recordar
- De 95 estudios modernos revisados por Park e Irwin, 56 encuentran resultados positivos, pero los propios autores advierten de problemas metodológicos serios en la mayoría.
- La rentabilidad documentada de las estrategias técnicas se erosiona con el tiempo, exactamente como predice la hipótesis del mercado eficiente.
- Una vela contiene cuatro datos y nada más: apertura, máximo, mínimo y cierre. Lo demás es interpretación.
- Cambiar de marco temporal hasta encontrar el que confirma tu tesis no es análisis, es sesgo de confirmación.
Relacionado: qué pasa de verdad cuando das a comprar una acción · por qué el histórico de precios cambia tras un split · qué mide cada indicador y cómo se engaña la gente con ellos
Fuentes
- Federal Reserve History, archivo histórico del Sistema de la Reserva Federal estadounidense, ensayo sobre el desplome bursátil de 1929 con datos de FRED (Federal Reserve Bank of Richmond): el Dow Jones Industrial Average cerró en 381,17 el 3 de septiembre de 1929, cayó hasta 41,22 el 8 de julio de 1932 —un 89% por debajo de su máximo— y no volvió a ese nivel hasta el 23 de noviembre de 1954
- Park, C. e Irwin, S. H. (2007), 'What Do We Know About the Profitability of Technical Analysis?', Journal of Economic Surveys 21(4), 786-826: de 95 estudios modernos revisados, 56 encuentran resultados positivos, 20 negativos y 19 mixtos
- Park e Irwin (2007): los estudios modernos indican beneficios económicos consistentes en mercados especulativos al menos hasta principios de los años noventa, y la rentabilidad en mercados de acciones decrece a partir de finales de los ochenta
- Park e Irwin (2007): la mayoría de los estudios empíricos padecen problemas de procedimiento —minería de datos, selección posterior de reglas y dificultad para estimar riesgo y costes de transacción
- Eugene Fama (1970), artículo seminal sobre la hipótesis del mercado eficiente, Journal of Finance