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Capítulo 4 · El evento: resultados
Por qué los resultados mueven tanto el precio
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La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.
Cuatro veces al año cada empresa cotizada publica sus cuentas, y en los cuatro días alrededor de esa publicación se concentra, de media, en torno a un tercio de todo el movimiento de precio que esa acción tendrá en el año entero. No es que el evento genere incertidumbre: es que la resuelve de golpe.
Cuánto del movimiento anual cabe en cuatro días
Aproximadamente un tercio, según investigación citada por el National Bureau of Economic Research (NBER), la organización de referencia en investigación económica de Estados Unidos. Cuatro días de doscientos cincuenta hábiles concentran una parte del movimiento que su peso en el calendario no explica.
Ese desequilibrio es la razón de que este capítulo exista y de que sea el más largo del curso.
Piénsalo en proporción. Cuatro días son el 1,6% del año bursátil. Si el movimiento se repartiera de forma uniforme, esos cuatro días deberían llevarse un 1,6% del total. Se llevan veinte veces más.
La consecuencia para quien invierte a largo plazo. Puede parecer que esto solo importa a quien opera a corto.
Es al revés. Si mantienes una acción durante años, vas a atravesar dieciséis, veinte o cuarenta de esos eventos. Entender qué pasa en ellos no es una técnica de trader: es entender dónde se decide buena parte de lo que le ocurre a tu inversión.
Y por qué se llama "temporada"
Los eventos no están repartidos por el año: se agolpan en cuatro ventanas de unas seis semanas cada una, que empiezan poco después de cerrar cada trimestre natural. De ahí el nombre.
El arranque es bastante ritual y siempre el mismo: los grandes bancos publican primero, en la segunda semana del mes, y después va entrando el resto por sectores. Que los bancos abran no es casualidad — su cierre contable es más rápido y sus resultados dan una primera lectura del estado de la economía que el resto del mercado usa como referencia.
Hay dos consecuencias prácticas de esta concentración.
Las empresas compiten por atención. En los días de más aglomeración publican decenas de compañías a la vez, y las pequeñas pasan sin que nadie las mire con detalle. Eso no las hace mejores ni peores, pero sí explica que sus reacciones sean a veces más bruscas: menos ojos encima, menos gente al otro lado.
No todas siguen el año natural. Una empresa puede cerrar su ejercicio fiscal en enero, en junio o en septiembre, así que sus "resultados del primer trimestre" caen en meses distintos a los del resto. Es habitual en distribución y en tecnología, y es la razón de que algunas compañías publiquen aparentemente a destiempo.
Por qué el evento concentra tanto movimiento
Porque durante tres meses el mercado opera con estimaciones, y en un instante concreto esas estimaciones se sustituyen por hechos verificados. No es que llegue más incertidumbre: es que desaparece la que había.
El vacío de información entre trimestre y trimestre
Entre una publicación y la siguiente pasan unos noventa días en los que nadie de fuera sabe con exactitud cómo le está yendo a la empresa. Hay pistas —datos del sector, comentarios de competidores, informes de analistas— pero ninguna cifra verificada.
Durante ese periodo el precio se mueve sobre hipótesis. Cada participante tiene su propia estimación de lo que está pasando dentro, y el precio es el punto de equilibrio entre todas esas hipótesis.
Cuando llegan los números reales, todas esas hipótesis se resuelven a la vez. Las que estaban equivocadas tienen que corregirse en minutos, no en semanas, y esa corrección simultánea es el movimiento que ves.
Por qué esto no es lo mismo que una noticia cualquiera
Una noticia inesperada —una demanda, un incendio en una fábrica, un cambio regulatorio— también mueve el precio. La diferencia con un evento de resultados es doble.
Está en el calendario. Sabes que va a ocurrir con semanas de antelación. Eso significa que el mercado se prepara: en los días previos se ajustan posiciones, se cubren riesgos y se compra protección, y todo eso deja huellas medibles antes de que se publique nada. La sesión sobre qué está diciendo el mercado de opciones antes del anuncio va entera sobre esas huellas.
Cubre todo a la vez. No es una información sobre un aspecto del negocio: son ingresos, márgenes, deuda, previsiones y comentario de la dirección en el mismo momento. Un solo evento resuelve simultáneamente decenas de preguntas abiertas.
Qué se publica exactamente, y en qué orden
Casi nadie sabe esto y explica bastante de lo que pasa después: no se publica una cosa, se publican tres, en tres momentos distintos. Y cada una puede mover el precio por separado.
Uno: la nota de prensa
Es el documento corto, entre dos y diez páginas, con las cifras principales y unas declaraciones del consejero delegado. Es lo que los medios convierten en titular en cuestión de segundos.
Contiene lo justo para saber si se batió o no se batió, y casi nunca el detalle que explica por qué.
Dos: el documento regulatorio
En Estados Unidos es el formulario 8-K y, unos días después, el informe trimestral completo. En España, la comunicación de información relevante a la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), con los estados financieros. Es más largo, más aburrido y mucho más completo.
Aquí está lo que la nota de prensa resume: el desglose por segmentos, las notas contables, los riesgos actualizados. Es público y gratuito —en Estados Unidos se descarga de EDGAR, la base de datos de la SEC (Securities and Exchange Commission), el supervisor bursátil estadounidense— y prácticamente nadie lo abre.
Tres: la llamada
Entre treinta y sesenta minutos después llega la llamada de resultados, y merece su propia sección porque es donde ocurre buena parte de lo interesante.
Línea temporal de un eventoT+0 → T+60 min
Y cada una puede mover el precio por separado.
La llamada merece su propia sección: es donde ocurre buena parte de lo interesante.
Por qué la llamada de resultados es un segundo evento
Porque aporta información que no está en la nota de prensa, y porque el mercado reacciona a ella de forma medible e independiente. Quien solo mira las cifras publicadas se pierde la mitad del evento.
Lo que dice la investigación
Un trabajo de Matsumoto, Pronk y Roelofsen sobre el contenido informativo de estas llamadas encontró que la mayor parte del movimiento de precio durante la llamada se produce en el turno de preguntas, no en la presentación preparada de la dirección.
Tiene sentido si lo piensas: la presentación está escrita, revisada por el departamento jurídico y ensayada. El turno de preguntas no. Ahí es donde un analista insiste en el punto que la empresa preferiría no desarrollar, y donde el tono de la respuesta dice cosas que el guion no dice.
Un estudio posterior de Price, Doran, Peterson y Bliss, publicado en el Journal of Banking & Finance, midió esto con precisión: el tono lingüístico de la llamada predice rentabilidad anormal y volumen de forma incremental a la nota de prensa. Es decir, aporta información que las cifras publicadas no contenían.
El detalle más interesante, y el más incómodo
Un trabajo del NBER sobre el tono de la dirección en estas llamadas encontró una asimetría que conviene conocer.
Cuando el tono de la dirección es excesivamente negativo, eso predice con bastante fuerza problemas futuros en los resultados. Cuando es excesivamente positivo, predice bastante menos.
Pero el mercado reacciona al revés: responde más rápido al entusiasmo que a la preocupación. La consecuencia es que, tras una llamada con tono preocupante, el precio sigue derivando a la baja durante días después de la reacción inicial, porque la reacción inicial se quedó corta.
Ese fenómeno —que el precio siga moviéndose días después de un evento en la misma dirección— tiene nombre propio y aparece en cómo se lee un evento completo, de principio a fin, la última sesión de este capítulo.
Qué hacer con esto, en la práctica
Las llamadas son públicas. Cualquiera puede escucharlas en directo desde la web de la empresa, y las transcripciones se publican poco después.
El problema no es el acceso: es que duran una hora, ocurren en horario estadounidense —de noche en España— y hay decenas cada semana durante la temporada. Escuchar una llamada es perfectamente factible; escuchar las de todas las empresas que te interesen, cada trimestre, no lo es. Ahí está el desfase real, y no es de conocimiento sino de horas disponibles.
Antes de abrir o después de cerrar
Casi ninguna empresa publica en pleno horario de mercado. Elige uno de dos momentos —justo antes de abrir o justo después de cerrar— y esa elección cambia por completo cuándo ves la primera reacción real del precio.
Por qué nadie publica a media sesión
Ya vimos en el capítulo anterior que el deslizamiento y la horquilla se disparan en los momentos de máxima volatilidad. Publicar en mitad de la sesión obligaría a todo el mundo a reaccionar en tiempo real, con órdenes ejecutándose muy lejos del precio esperado.
Publicar fuera del horario regular da varias horas para que la información se digiera antes de que se cruce el grueso de las órdenes.
Las dos franjas, y qué cambia
Antes de abrir, normalmente entre las 6:00 y las 9:00 de la mañana en Nueva York. La primera reacción se ve en el mercado previo a la apertura, y la sesión regular ya abre con esa reacción incorporada desde el primer segundo.
Después de cerrar, normalmente entre las 16:00 y las 18:00. La primera reacción ocurre en la sesión posterior al cierre, con mucha menos gente operando, y no se incorpora del todo hasta la apertura del día siguiente.
Esa diferencia importa para leer un evento. Si sigues una publicación posterior al cierre y solo miras el precio de cierre de ese día, no estás viendo la reacción: la reacción ocurrió después, y todavía puede cambiar de aquí a la apertura siguiente, porque la llamada aún está por venir y la noche es larga.
El detalle logístico que más despista
La fecha exacta no siempre está confirmada. Una empresa puede anunciar con semanas de antelación que publicará "a finales de octubre" y confirmar el día concreto solo una o dos semanas antes. Hasta esa confirmación, lo que aparece en cualquier calendario es una estimación, y las estimaciones se mueven.
Y ahí hay una carencia práctica que cuesta dinero. Preparar la lectura de un evento para el día equivocado es trabajo perdido, y peor: enterarse de que una empresa publicó anoche cuando ya ves el precio movido esta mañana significa haber llegado tarde a algo que estaba en el calendario.
Distinguir una fecha confirmada por la empresa de una estimada por un proveedor de datos es uno de los trabajos de fondo de Volatly.
El calendario se reconcilia cada noche contra la fuente que manda, y cada evento lleva marcado si su fecha confirmada lo está de verdad o sigue siendo una estimación. Es poco vistoso y evita el error más tonto de todos.
Lo que hay que recordar
- En torno a un tercio del movimiento anual de una acción se concentra en cuatro días, veinte veces más de lo que su peso en el calendario explicaría.
- El evento no genera incertidumbre: resuelve de golpe tres meses de hipótesis.
- No se publica una cosa, sino tres: nota de prensa, documento regulatorio y llamada, en tres momentos distintos.
- La mayor parte del movimiento durante la llamada ocurre en el turno de preguntas, no en la presentación preparada.
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Fuentes
- Investigación citada por el National Bureau of Economic Research (NBER) sobre la concentración del movimiento anual en los días de publicación de resultados
- Matsumoto, Pronk y Roelofsen (2011), sobre el contenido informativo de las llamadas de resultados: la mayor parte del movimiento intradía se produce durante el turno de preguntas
- Price, Doran, Peterson y Bliss (2012), Journal of Banking & Finance: el tono lingüístico de la llamada predice rentabilidad anormal y volumen, de forma incremental a la nota de prensa
- NBER Working Paper 20991, 'Tips and Tells from Managers': la sorpresa de tono predice beneficios futuros e incertidumbre de los analistas