Sesión 25 de 30 83%
Capítulo 8 · De la cabeza al método
Cómo se construye un método propio
· · · 18 min de lectura
La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.
Un método no es una estrategia secreta ni una fórmula: es un conjunto de decisiones tomadas por escrito antes de que haya dinero en juego. Y hay investigación en psicología que explica con bastante precisión por qué escribirlas funciona y por qué tenerlas solo en la cabeza no.
Qué tiene que definir un método para serlo
Cinco cosas. Si falta alguna, lo que hay es una intención, y las intenciones no sobreviven al primer momento de tensión.
Las cinco
Qué miras. El universo de activos y el tipo de situación. «Empresas del S&P 500 en la semana de sus resultados» es un método. «Lo que vaya saliendo» no lo es, porque no se puede evaluar: no hay forma de saber si funcionó o si simplemente elegiste bien qué mirar después.
Qué te hace entrar. El criterio concreto, escrito de forma que otra persona pudiera aplicarlo y llegar a la misma conclusión. Si tu criterio solo lo entiendes tú, no es un criterio: es una intuición con vocabulario.
Cuánto pones. Sale de la hoja de riesgo del capítulo anterior: el porcentaje que arriesgas dividido entre la distancia a tu punto de salida.
Qué te hace salir. Y aquí hacen falta las dos: el nivel en que aceptas que te equivocaste, y el criterio con el que cierras cuando has acertado. La segunda se olvida constantemente y es la que decide la mitad del resultado, porque sin ella cerrar una ganancia se decide con el impulso de la sesión anterior.
Qué te haría dejar de usarlo. Es la que menos gente escribe y la que más protege. Sin ella, un método se abandona por cansancio en lugar de por evidencia.
La prueba de que es un método
Muy simple: ¿podría otra persona leerlo y tomar la misma decisión que tú ante la misma situación?
Si la respuesta es no, no es un método. Es una forma de decidir que depende de quién esté delante ese día y de cómo se sienta, y eso no se puede evaluar ni mejorar, solo repetir con suerte variable.
Por qué escribirlo funciona y pensarlo no
Aquí hay evidencia sólida, y no viene de las finanzas: viene de la psicología de la conducta.
El hallazgo
Peter Gollwitzer y Paschal Sheeran publicaron en 2006 un metaanálisis de 94 pruebas independientes, con más de 8.000 participantes, sobre lo que en su campo se llama plan de implementación: un plan con la forma «si ocurre Y, entonces haré X», que especifica de antemano el cuándo, el dónde y el cómo.
Encontraron un efecto medio-a-grande sobre la consecución de objetivos. Y hay un segundo resultado todavía más relevante aquí: el efecto sobre evitar que un objetivo ya en marcha se descarrile fue de magnitud similar, incluso algo mayor.
Por qué esto importa para invertir
Porque describe exactamente el problema de este capítulo. Casi nadie fracasa por no querer: fracasa porque en el momento crítico la decisión se toma bajo presión, y bajo presión ganan los sesgos de la primera sesión.
Un plan escrito con la forma si-entonces no depende de la fuerza de voluntad en ese momento. Traslada la decisión a un momento anterior, cuando no hay dinero moviéndose y la cabeza funciona bien.
Aplicado, la diferencia es esta:
- Propósito: «voy a ser disciplinado con las pérdidas.» No tiene cuándo, ni dónde, ni qué.
- Plan de implementación: «si esta acción cierra por debajo de 47,50 €, vendo al día siguiente en la apertura.» Tiene las tres cosas.
El primero es lo que casi todo el mundo tiene. El segundo es lo que la investigación encontró que funciona.
Y por qué esto valida los tres artefactos del curso
No es casualidad que este curso produzca tres documentos rellenados por el lector en vez de tres listas de consejos. La hoja de perfil, la hoja de riesgo y este plan son exactamente eso: decisiones especificadas de antemano, con su cuándo y su qué.
Escribirlas no garantiza cumplirlas. Lo que dice la evidencia es que la probabilidad de cumplirlas sube de forma medible frente a tenerlas en la cabeza, y ese es todo el argumento.
Qué se anota en un cuaderno de bitácora y para qué
Un cuaderno de bitácora no es un registro de operaciones. Ese ya lo tiene tu bróker y no sirve para aprender nada, porque solo contiene qué compraste y a cuánto. Un cuaderno registra razonamientos, y por eso se escribe antes.
Lo que se anota, y cuándo
Antes de abrir la posición, cuatro cosas:
- Qué espero que pase y por qué, con los datos concretos en los que me apoyo.
- Qué tendría que ocurrir para que estuviera equivocado. Es el punto de invalidación del Capítulo 4.
- Cuánto arriesgo, en porcentaje de capital, y dónde está la salida.
- Qué tal estoy hoy. Suena impropio de un documento financiero y es de lo más útil que se puede anotar: si estás operando con prisa, enfadado o recuperando una pérdida, saberlo después explica muchísimo.
Después de cerrarla, dos:
- Qué pasó, sin adornos.
- Si el razonamiento era correcto con la información que había en su momento, que es una pregunta distinta de si salió bien.
Por qué el orden es lo único que importa
Porque escribir la tesis después de conocer el resultado no vale absolutamente nada.
Es el sesgo retrospectivo del capítulo del gráfico, aplicado a tus propias decisiones: sabiendo cómo acabó, cualquier razonamiento se reescribe solo para que encaje. El cuaderno solo funciona si el registro anterior existe y no se puede tocar.
De ahí sale la única regla dura de esta herramienta: lo escrito antes no se edita después. Si hace falta matizarlo, se añade una línea nueva con su fecha.
Para qué sirve de verdad
Para responder a una pregunta que ninguna otra cosa responde: ¿mis fallos vienen de un razonamiento malo o de una ejecución mala?
Son dos problemas distintos con soluciones opuestas. Si el razonamiento es bueno y la ejecución falla —no cumples tus propias salidas, abres posiciones que no estaban en el plan—, el problema no es de análisis y estudiar más no lo arregla. Si la ejecución es impecable y los resultados no llegan, entonces sí toca revisar el criterio.
Sin cuaderno, esas dos situaciones son indistinguibles. Y son exactamente las dos que exigen hacer cosas contrarias.
Con qué métricas se evalúa un método
Cuatro números, y ninguno de ellos es «cuánto he ganado».
Las cuatro
Esperanza matemática. Lo que cada operación aporta de media, combinando el porcentaje de acierto con el tamaño relativo de aciertos y fallos. Es el número de la primera sesión del capítulo anterior y sigue siendo el que decide si algo tiene sentido repetido.
Caída máxima. La peor bajada de máximo a mínimo posterior. Importa tanto como la rentabilidad por la aritmética de recuperación que ya conoces, y por una razón añadida: es la métrica que decide si vas a seguir dentro cuando llegue.
Número de operaciones. No es una métrica de calidad, es la que dice si las otras tres significan algo. Con diez operaciones no significan nada, como demostraba la última sesión del capítulo anterior con los intervalos de confianza.
Cumplimiento del plan. El porcentaje de operaciones que siguieron lo que estaba escrito. Es la única de las cuatro que puedes medir desde la primera semana, y la única que depende enteramente de ti.
La que casi nadie mide y más informa
La cuarta. Es la que separa un problema de método de un problema de disciplina, y ninguna de las otras tres puede hacerlo.
Un método con buena esperanza y un 60% de cumplimiento no es un método con buena esperanza: es un método que no se está aplicando. Cambiarlo no arreglaría nada, porque el que hay no ha llegado a probarse.
Cuándo cambiar de método y cuándo aguantar
Es la decisión más difícil del capítulo, porque las dos respuestas equivocadas se sienten como sensatez.
Cuándo NO se cambia
Por una racha de pérdidas. Ya sabes la aritmética: con un acierto del 55%, cinco fallos seguidos aparecen unas dos veces cada cien operaciones. Es lo esperable, no es información.
Por lo que hizo otra persona. Que a alguien le funcionara otra cosa este trimestre no dice nada sobre la tuya, por las mismas razones de muestra pequeña.
Por aburrimiento. Es más frecuente de lo que parece. Un método que funciona es, casi por definición, repetitivo y poco emocionante. Cambiarlo para que pasen cosas es cambiar el objetivo sin decirlo.
Cuándo SÍ se cambia
Cuando se cumplió el criterio que escribiste al principio. Por eso el quinto elemento de un método es «qué me haría dejar de usarlo»: para que esta decisión esté tomada de antemano y no en caliente.
Cuando cambia la razón por la que funcionaba. Si tu método se apoyaba en una condición concreta y esa condición desaparece, el método pierde su fundamento aunque los resultados todavía no lo reflejen.
Cuando la muestra ya es suficiente y el resultado es malo. Con suficientes operaciones y un intervalo de confianza que ya no incluye lo que necesitabas, el método está desmentido. Eso no es una racha, es un resultado.
La asimetría que conviene tener presente
Cambiar demasiado pronto tiene un coste garantizado: no acumular nunca muestra suficiente de nada, y quedarse saltando entre sistemas sin llegar a saber si alguno funcionaba.
Aguantar demasiado tiene un coste probable pero no seguro: seguir aplicando algo que no funciona.
Como el primero es cierto y el segundo solo probable, el sesgo por defecto debería inclinarse a aguantar más de lo que apetece. Con una condición innegociable: que el criterio de abandono esté escrito, porque si no, «aguantar» deja de ser una decisión y pasa a ser inercia.
Tu plan en una página
El tercero y último de los documentos que te llevas de este curso. Cabe en una página porque tiene que poder leerse entero en el momento en que más falta hace, que es cuando algo está saliendo mal y hay prisa.
Seis campos, y cada uno recoge algo que ya se ha decidido en sesiones anteriores.
Qué tipo de situación se mira. Es el universo. No hace falta que sea ambicioso; hace falta que sea concreto, porque solo lo concreto se puede evaluar.
Cada cuánto se mira la cartera. Fijar la frecuencia de antemano evita que la marque la notificación del móvil, y la sesión anterior de este capítulo mide qué le pasa al resultado cuando la marca el impulso.
Qué tiene que cumplirse para entrar. Escrito como si otra persona tuviera que aplicarlo. Un criterio que solo entiende quien lo escribió no se puede evaluar ni corregir después.
Qué hace salir. Las dos cosas: dónde se acepta el error, y con qué criterio se cierra un acierto. La segunda es la que más gente deja en blanco.
Qué se anota de cada operación. Aunque sea una línea. Un cuaderno rellenado a medias sigue siendo infinitamente mejor que ninguno, porque conserva el orden temporal, que es lo único que no se puede reconstruir después.
Cuándo se revisa el método. Poner la fecha ahora, en frío, es lo que impide que la revisión ocurra en caliente justo después de una mala racha, que es cuando peor se decide. Aquí encaja el criterio de abandono: qué tendría que pasar para dejar de usarlo.
Con esta hoja rellena tienes los tres artefactos del curso completos: qué dinero es y cuándo lo necesitas, cuánto arriesgas por operación, y cómo decides. Guardarlos en una cuenta gratuita hace que sigan estando ahí dentro de seis meses, que es cuando de verdad vas a querer releerlos. Terminar el curso no lo requiere.
Lo que hay que recordar
- Un método define cinco cosas: qué miras, qué te hace entrar, cuánto pones, qué te hace salir y qué te haría abandonarlo.
- Gollwitzer y Sheeran encontraron sobre 94 pruebas y más de 8.000 participantes que un plan escrito con la forma «si ocurre Y, entonces haré X» tiene un efecto medio-a-grande sobre cumplir un objetivo.
- El cuaderno solo funciona si se escribe antes, y lo escrito antes no se edita después.
- El cumplimiento del plan es la métrica que más informa y la única que puedes medir desde la primera semana.
Relacionado: cuánto arriesgar en cada operación · cómo se lee un evento completo
Fuentes
- Gollwitzer, P. M. y Sheeran, P. (2006), 'Implementation Intentions and Goal Achievement: A Meta-Analysis of Effects and Processes', Advances in Experimental Social Psychology 38, 69-119: 94 pruebas independientes con más de 8.000 participantes, efecto medio-a-grande (d = 0,65) sobre la consecución de objetivos
- Gollwitzer y Sheeran (2006): el efecto sobre evitar el descarrilamiento de un objetivo ya en marcha fue de magnitud similar (d = 0,77)
- Odean, T. (1998), The Journal of Finance 53(5), sobre el efecto disposición, citado en la sesión anterior de este capítulo
Lo que te llevas
Tu plan en una página
Un método es lo que has decidido de antemano. Esto lo recoge en seis respuestas, sin una sola casilla de texto libre: un plan se define con decisiones, no con redacción.
No se pregunta por cantidades, saldos ni valores concretos. Sólo porcentajes y decisiones.