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Capítulo 7 · Riesgo, probabilidad y supervivencia
Por qué acertar no es lo mismo que ganar
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La narración llega más adelante. Por ahora el curso es texto, y el texto está completo.
Se puede acertar tres de cada diez veces y ganar dinero de forma sostenida. Se puede acertar nueve de cada diez y arruinarse. El porcentaje de aciertos, solo, no dice nada, porque falta la otra mitad de la ecuación: cuánto ganas cuando aciertas y cuánto pierdes cuando fallas.
Por qué el porcentaje de aciertos engaña
Porque describe la frecuencia y no la magnitud. Saber cuántas veces algo sale bien no sirve de nada si no sabes cuánto sale bien cuando sale bien.
El ejemplo, con números redondos
Alguien hace diez operaciones y acierta solo tres. Suena mal.
- Tres aciertos, ganando 300 € cada uno → +900 €
- Siete fallos, perdiendo 100 € cada uno → −700 €
- Resultado: +200 €
Un 30% de acierto y beneficio. La razón está en la relación beneficio-riesgo: cada acierto valía tres veces lo que costaba cada fallo.
Por qué esto no es un truco de números
Es exactamente cómo funcionan muchas estrategias reales, y también cómo funcionan cosas ajenas al mercado. Una farmacéutica que investiga veinte compuestos y solo uno llega al mercado no está fracasando: el que llega paga los diecinueve que no llegaron.
Lo que decide el resultado no es cuántas veces aciertas, sino el tamaño de los aciertos comparado con el de los fallos. Y ese tamaño se puede decidir de antemano en buena medida, cosa que el porcentaje de acierto no.
La consecuencia práctica
Cuando alguien presume de un porcentaje de acierto sin decir su relación beneficio-riesgo, está dando la mitad del dato. Y suele ser la mitad más fácil de conseguir.
Un sistema que cierra ganancias muy pronto y deja correr las pérdidas puede tener un porcentaje de acierto altísimo y perder dinero de forma constante. Vamos a verlo en dos secciones.
Qué es la esperanza matemática y cómo se calcula
La esperanza matemática junta las dos mitades en un solo número: cuánto ganarías de media por operación si repitieras la misma decisión muchísimas veces.
La fórmula
Esperanza = (probabilidad de acertar × ganancia media) − (probabilidad de fallar × pérdida media)
Con el ejemplo anterior: (0,3 × 300 €) − (0,7 × 100 €) = 90 € − 70 € = +20 € por operación.
Ese número es lo único que dice si una forma de operar tiene sentido. Si es positivo, repetirla muchas veces tiende a sumar. Si es negativo, repetirla muchas veces tiende a restar, por muy bien que salgan algunas.
Esperanza matemáticaEuros por operación
Probabilidad de acertar × ganancia media
0,3 × 300 €90 €
Probabilidad de fallar × pérdida media
0,7 × 100 €70 €
Repetir la misma decisión muchísimas veces
Esperanza
+20 €
por operación
(0,3 × 300 €) − (0,7 × 100 €) = 90 € − 70 € = +20 € por operación
Lo que la esperanza no es
No es una promesa sobre la próxima operación. Con una esperanza de +20 € por operación, la siguiente puede perder 100 €. La esperanza describe el promedio de un conjunto grande, no un caso concreto.
Y no sirve con muestras pequeñas. Calcular la esperanza sobre diez operaciones no da la esperanza real: da el resultado de esas diez. Cuánta diferencia hay entre las dos cosas es el tema de la última sesión de este capítulo, sobre rachas, caídas y tamaño de muestra, y la diferencia es enorme.
La misma idea, dicha al revés
Un casino tiene una esperanza ligeramente positiva en cada apuesta de la ruleta. Ligeramente: unos pocos céntimos por euro.
No necesita más. Con suficientes tiradas, esa ventaja mínima se convierte en un negocio previsible. El casino no gana porque acierte mucho —pierde constantemente contra jugadores individuales— sino porque su esperanza es positiva y juega muchísimas veces.
Esa es toda la lógica: una ventaja pequeña repetida muchas veces vale más que una ventaja grande usada una vez. Y para poder repetir hace falta seguir teniendo dinero, que es de lo que va la sesión siguiente, sobre cuánto arriesgar en cada operación.
Y si no vas a operar, ¿esto te sirve de algo?
Merece responderse, porque la mayoría de quien lee este curso no va a abrir y cerrar posiciones cada semana. Sirve, y en dos sitios concretos.
En cada decisión aislada que sí vayas a tomar. Comprar una acción concreta porque crees que algo va a pasar es una apuesta con esperanza, la calcules o no. La pregunta "¿cuánto puedo ganar si acierto y cuánto puedo perder si me equivoco?" aplica igual aunque hagas dos operaciones al año que doscientas.
Y en entender por qué funciona lo aburrido. Comprar un fondo indexado y no tocarlo durante veinte años es aceptar una esperanza positiva pequeña y repetirla muchísimas veces sin interrumpirla. Es exactamente lo que el interés compuesto le hace al dinero con el tiempo, con el inversor en el papel de la banca.
Visto así, la diferencia entre invertir a largo plazo y operar a corto no es de filosofía: es de cuántas veces repites y de cuánto pagas por cada repetición. El Capítulo 3 ya puso números a lo segundo, en cuánto cuesta de verdad cada operación.
El caso inverso: acertar mucho y perder dinero
Es el más común entre inversores particulares y el más doloroso, porque se siente como estar haciéndolo bien.
El ejemplo
Alguien hace diez operaciones y acierta nueve.
- Nueve aciertos, ganando 50 € cada uno → +450 €
- Un fallo, perdiendo 600 € → −600 €
- Resultado: −150 €
Un 90% de acierto y pérdida. La esperanza es de −15 € por operación: repetir eso mil veces arruina a cualquiera, con la sensación constante de estar acertando casi siempre.
Por qué este patrón es tan frecuente
Porque es exactamente lo que produce el comportamiento humano por defecto, sin que nadie lo diseñe.
Cuando una posición va bien, la tentación es cerrarla para asegurar la ganancia, que se siente estupendamente. Cuando va mal, la tentación es esperar a que se recupere, porque cerrarla obliga a admitir el error.
El resultado, repetido, es una colección de ganancias pequeñas y unas pocas pérdidas enormes. El porcentaje de acierto sube y la cuenta baja.
Ese impulso tiene nombre —efecto disposición— y capítulo propio más adelante, en los sesgos que más caro salen, porque es de los sesgos mejor documentados y de los que más dinero cuestan.
Cómo se detecta
Con una comprobación de un minuto sobre tu propio historial: compara tu ganancia media con tu pérdida media.
Si tu pérdida media es mayor que tu ganancia media, necesitas un porcentaje de acierto muy alto solo para quedarte igual. Y cuanto mayor sea esa diferencia, más alto tiene que ser ese porcentaje, hasta llegar a niveles que nadie sostiene.
Es un cálculo que casi nadie hace, y no requiere nada más que las operaciones apuntadas. Que es, por cierto, el otro problema: sin registro no hay cálculo posible.
Por qué juzgar una decisión por su resultado enseña lo contrario
Esta es la idea que sostiene todo el capítulo, y la más difícil de aplicar. Una decisión puede estar bien tomada y salir mal. Puede estar mal tomada y salir bien. Juzgarla por el resultado enseña, en la mitad de los casos, exactamente la lección equivocada.
Las cuatro combinaciones
| Buen resultado | Mal resultado | |
|---|---|---|
| Buena decisión | Lo ideal. No hay nada que corregir | Mala suerte. Tampoco hay nada que corregir |
| Mala decisión | Lo más peligroso. Refuerza un mal hábito | Lo que parece, y la única que enseña sola |
La casilla que hace daño es la de arriba a la derecha en el sentido emocional —duele— pero la que hace daño de verdad es la de abajo a la izquierda: tomar una decisión mala y que salga bien.
Por qué esa casilla es la peligrosa
Porque el cerebro registra "esto funcionó" y repite el comportamiento.
Comprar una acción sin mirar nada, por una recomendación de un desconocido en internet, y que suba un 20%, es una mala decisión con buen resultado. No enseña que fue una casualidad: enseña que ese método funciona. Y la siguiente vez la apuesta será mayor.
Es exactamente el mecanismo que describía el capítulo anterior con el sesgo retrospectivo de mirar un gráfico sabiendo el final, aplicado a las propias decisiones en vez de a los gráficos.
El ejemplo que lo deja claro fuera del mercado
Cruzar una calle en rojo sin mirar y llegar entero al otro lado no convierte esa decisión en acertada. El sesgo de resultado consiste precisamente en concluir que sí, porque salió bien.
Nadie tiene problemas para verlo con la calle. Con el dinero cuesta muchísimo más, porque el resultado llega acompañado de una cifra que parece objetiva.
Qué se hace con esto
Separarlo exige tener escrito, antes, por qué tomaste la decisión y qué tendría que ocurrir para que estuvieras equivocado.
Con eso escrito, después puedes responder a dos preguntas distintas: ¿el razonamiento era correcto con la información que había? y ¿cómo acabó? Sin eso escrito, solo puedes responder a la segunda, y la segunda sola enseña las lecciones equivocadas la mitad de las veces.
Es la misma disciplina que aparecía al cerrar el capítulo del evento, en cómo se lee un evento completo, y la que volverá a aparecer, ya como herramienta concreta, en el cuaderno de bitácora del capítulo sobre método. Aparece tres veces porque es lo mismo mirado desde tres sitios.
Lo que hay que recordar
- El porcentaje de aciertos es la mitad del dato: sin saber cuánto ganas al acertar y cuánto pierdes al fallar, no dice nada.
- La esperanza matemática junta las dos mitades, y es el único número que dice si una forma de operar tiene sentido repetida.
- Acertar el 90% de las veces y perder dinero es el patrón más común entre particulares, porque cerrar ganancias pronto y aguantar pérdidas sale de forma natural.
- Una mala decisión con buen resultado es más peligrosa que una buena decisión con mal resultado, porque refuerza el hábito equivocado.
Relacionado: qué significa "riesgo" de verdad · cómo se lee un evento completo · qué mide cada indicador y cómo se engaña la gente con ellos
Fuentes
- Cálculo estándar de esperanza matemática aplicado a una serie de operaciones con probabilidad y magnitud conocidas
- Literatura sobre sesgo de resultado en la toma de decisiones bajo incertidumbre